miércoles, 20 de mayo de 2015

Davidoff: “Los culpables de la guerra de Malvinas son Rex Hunt y la Falkland Islands Company”


Davidoff: “Los culpables de la guerra de Malvinas son Rex Hunt y la Falkland Islands Company”

El incidente de las Georgias del Sur de fines de marzo, protagonizado por los obreros del empresario Constantino Davidoff fue el disparador del conflicto bélico. Por tanto, analizar con profundidad y objetividad lo acontecido entre el 17 y 23 de marzo resulta crucial para comprender no sólo los pasos tomados por la Junta y que luego desembocarían en el 2 de abril, sino también la agresiva respuesta británica al incidente Davidoff y la posterior escalada belicista. Para empezar, un breve repaso histórico a los acuerdos comerciales del citado empresario.

Davidoff. Antecedentes históricos. El señor Constantino Davidoff, un comerciante chatarrero de Buenos Aires, hizo propuestas por primera vez en 1978 a Christian Salvensen, la firma con base en Edimburgo a cargo de la administración de los arriendos de la Corona de las Estaciones balleneras en desuso en las Georgias del Sur. Al año siguiente firmó un contrato mediante el cual se le concedió la facultad de optar por adquirir equipos y disponer de ellos. Hizo uso de esta opción en 1980 sujeta a un acuerdo, según el cual cualquier equipo que quedara después de marzo de 1983 volvería a ser propiedad de Salvensen. En algunas oportunidades, el señor Davidoff estuvo en contacto con la embajada británica en Buenos Aires en 1980 y 1981. […] partió de esta ciudad el 16 de diciembre de 1981 en el rompehielos de la Marina Argentina Almirante Irízar para inspeccionar las chatarras en las Georgias del Sur. Llegó a Leith el 20 de diciembre.

Notificó a la embajada británica en Buenos Aires de la visita en una carta que llegó después de su partida. Sobre estos contactos, el libro Señales de Guerra (Gamba y Freedman) relata que Davidoff “preguntó si el HMS Endurance podía proveerle pasaje (llevarlo a las Georgias); se rechazó el pedido” (pág. 62). Al no poder usar el Endurance, Davidoff pidió al Ministro de Relaciones Exteriores y a la Marina Argentina autorización para usar los barcos que actuaban en la zona Antártica, con una tarifa favorable. Además de viajar a la Isla se necesitaba una serie de viajes logísticos mientras dure el contrato entre Salvensen Co, y Georgias del Sur SA. Así fue como finalmente partió el 16 de diciembre de 1981 en el rompehielos de la Marina Argentina Almirante Irízar. Continuemos con la explicación del libro Señales de Guerra: “cuando el grupo británico de investigación antártica descubrió que se había realizado la visita, el Almirante Irízar ya había zarpado”. Esto fue comunicado al gobernador Hunt. Por su parte, el Informe Franks, punto 163 señala que: “El 31 de diciembre de 1981 el gobernador de la Islas Malvinas transmitió a la Oficina de Asuntos Exteriores y del Commonwealth un informe que le había enviado el comandante de la BAS en Grytviken sobre la presencia no autorizada del Almirante Irízar en la Bahía Stromnes. El gobernador señalo que según la legislación de las dependencias el Almirante Irizar debía obtener una autorización de entrada a Grytviken, y el señor Davidoff tenía conocimiento de esto. Recomendó iniciar un procedimiento contra el señor Davidoff y presentar una enérgica protesta al gobierno argentino.” Pero entonces vino la respuesta de Londres (Informe Franks, punto 164): “Se envió una respuesta con instrucciones al gobernador para que no iniciara un procedimiento, ‘con lo que se correría el riesgo de provocar un incidente sumamente grave que empeoraría la situación y los resultados serían imprevisibles’. Se le ordenó que si el señor Davidoff se presentaba en Grytviken y solicitaba una autorización de entrada, esta se le debía conceder; si el buque argentino era de guerra, y si tampoco se solicitaba autorización de entrada para este, el Comandante de la Base debía entregar una protesta formal por escrito; si el señor Davidoff intentaba desembarcar en Grytviken sin la correspondiente autorización, se debía ordenar la partida inmediata del grupo, pero sin utilizar amenazas y si se rehusaba a acatar la orden, había que solicitar nuevas instrucciones a la Oficina de Asuntos Exteriores y del Commonwealth.”

Buque polar HMS Endurance en Mar del Plata en febrero de 1982, poco antes de su intervención en las Georgias
Como oportunamente nos señaló el señor Davidoff en entrevista exclusiva publicada en este fascículo: “el párrafo 167 del Informe Franks es muy importante”. Transcribimos, pues, dicho párrafo: “El embajador británico en Buenos Aires informó el 23 de febrero de 1982 que el señor Davidoff había llamado por teléfono a la embajada esa mañana. Se había disculpado por los problemas causados por su visita con el Almirante Irízar en diciembre de 1981 y dijo que tenía la intención de volver a las Georgias del Sur a la brevedad con un grupo para realizar la recuperación de los equipos. Estaba ansioso por no crear problemas y solicitó instrucciones acerca de cómo proceder. El embajador pidió asesoramiento al gobernador sobre este asunto, pero no recibió una propuesta concreta antes de que el grupo partiera para las Georgias del Sur.”
Sigue el Informe Franks (punto 168): “El 9 de marzo el señor Davidoff comunicó a la embajada británica en Buenos Aires que 41 trabajadores iban a viajar a las Georgias del Sur el 11 de marzo en el buque Bahía Buen Suceso, un buque de apoyo de la Marina Argentina, e iban a permanecer allí durante un período inicial de cuatro meses. Se ofreció a transportar provisiones a la BAS y de poner a disposición de estas los servicios de un médico y una enfermera que viajaban con el grupo. La embajada británica informó sobre esto al gobernador y a la Oficina de Asuntos Exteriores y del Commonwealth. Por su parte Salvensen informó a la Oficina de Asuntos Exteriores y del Commonwealth y al gobernador, el 16 de marzo, que el señor Davidoff le había notificado sobre la visita y que la firma le había concedido una extensión del contrato hasta el 31 de marzo de 1984, como este había solicitado.” Todos los obreros irían con la Tarjeta Blanca. Las autoridades británicas en Londres como en las Georgias y en las Malvinas estaban al tanto del viaje. Todo autorizado. ¿Cómo fue que todo esto culminó en el incidente que habría de detonar la guerra?
 17 al 23 de marzo

38. El 17 de marzo, el buque Bahía Buen Suceso (con los obreros de Davidoff) estuvo a la vista de las desoladas costas de las Islas Georgias. Navegó en silencio de radio y no se detuvo en Grytviken, como había exigido Gran Bretaña, para notificar a las “autoridades británicas”. (Rubén Oscar Moro. La Guerra Inaudita. Historia del Conflicto del Atlántico Sur. Pág. 15 y Rubén Moro. La Trampa. pág. 102)

39. El 18 de Marzo, el Bahía Paraíso (donde se encontraba el Grupo Alfa, a cargo de Astiz) zarpó de Ushuaia rumbo a Orcadas para cumplir con el Plan de Reabastecimiento de la Campaña Antártica (Juan Carlos Agnoletti. Crónicas Malvinenses. Tomo 1. Pág. 52). Recordar que la Operación Alfa ya había sido cancelada [ver fascículo Nº3].

40. El 19 de marzo, atracó en Puerto Leith el Bahía Buen Suceso (BBS). Al igual que el Bahía Paraíso en un viaje anterior, no lo hizo en Grytviken, ya que por tratarse de un territorio reclamado por la Argentina, los buques de esta bandera no enarbolan pabellón ni recalaban en este último lugar (Rubén Oscar Moro. La Guerra Inaudita. Historia del Conflicto del Atlántico Sur. Pág. 15 y Rubén Moro. La Trampa. Pág. 102).
Asimismo, no era Grytviken donde el material objeto del contrato del empresario Davidoff se encontraba.

41. El 19 de marzo, un C-130 aterriza en Malvinas por fallas técnicas procedente de Antártida. El Learjet T 23 (Grupo 1 Aerofotográfico) visitó Puerto Stanley (Puerto Argentino), despertando sospechas de los británicos. El mismo día, regresa el HMS Endurance de las Georgias del Sur, entrando a las 14 hs a Port Stanley (Puerto Argentino),  y se registra intensa actividad de helicópteros Wasp con misil aire-tierra AS 12, entre el buque y el cuartel que tenía los marines, que regresaban de la campaña antártica (Juan Carlos Agnoletti. Ob. Cit. Pág. 52).

42. El 20 de marzo, el gobernador de las Islas Malvinas, Rex Hunt, informó a la Oficina de Asuntos Exteriores y del Commonwealth que había recibido una comunicación del Comandante de la Base en Grytviken, a la noche del día anterior. Desde la BAS se observó “al BBS en el puerto de Leith, y en tierra, a un grupo bastante numeroso integrado por personal civil y militar. Se habían oído disparos, se había izado la bandera argentina, y se había ignorado una nota de advertencia sobre los desembarcos no autorizados”. La BAS informó a los argentinos que debía haberse presentado en Grytviken, pero estos contestaron que estaban autorizados por la embajada británica en Buenos Aires (Informe Franks, punto 169).

Rex Hunt gobernador colonial británico en Malvinas
43. El gobernador impartió instrucciones al comandante de la BAS, de que comunicara a los argentinos nuevamente que debían presentarse en Grytviken y arriar la bandera argentina. Hunt manifestó su punto de vista de que la Marina argentina estaba utilizando al señor Davidoff como cobertura para establecer la presencia argentina en las Georgias del Sur. Sugirió que, ya que se trataba de la segunda violación por parte del señor Davidoff, se debía dar la orden de hacer partir al grupo aun cuando se presentara en Grytviken. Tras consultar al capitán Nicholas Baker [capitán del buque Endurance], también sugirió que debería enviarse al HMS Endurance a las Georgias del Sur con infantes de marina británicos para imponer la expulsión (Informe Franks, punto 169). Nicanor Costa Méndez, en su libro Malvinas. Esta es la Historia da más precisiones de las instrucciones de Hunt: 1) Que los que habían desembarcado debían abandonar Puerto Leith; 2) Que se debían presentar en Grytviken; 3) Que se debía arriar la bandera argentina izada; 4) Que no debían interferir con las instalaciones del British Antartic Survey; 5) Que no debían alterar ninguna de las señales; 6) Que a ningún personal militar se le permitiría desembarcar; 7) Que no se debía permitir llevar armas a tierra (Costa Méndez. Malvinas. Esta es la historia. Pág.112).

44. La Oficina de Asuntos Exteriores y del Commowealth (OAEC) aprobó las instrucciones para el comandante de la base de Grytviken, pero dijo que sería necesario consultar con los ministros si debía destacarse el HMS Endurance para esta tarea (Informe Franks, punto 169).

45. La OAEC impartió instrucciones a la embajada británica en Buenos Aires para que entregara un mensaje a la Cancillería argentina, diciendo que el incidente se consideraba grave y que si el BBS no se retiraba inmediatamente, el gobierno británico tendría que tomar cualquier medida que considerara necesaria. El mensaje también indicaba que, mientras ambas partes estudiaban la mejor manera de continuar las negociaciones sobre la disputa de soberanía a fin de resolverla pacíficamente, era difícil de comprender que el gobierno argentino apoyara al incidente. También se notificó al encargado de negocios en Londres y se le entregó este mensaje (Informe Franks, punto 169).

46. El embajador británico en Buenos Aires informó que el Ministerio de Relaciones Exteriores manifestó no haber tenido conocimiento de la visita. Confirmó que la embajada británica no había concedido ninguna autorización al señor Davidoff. Aconsejó mantener mucha reserva, al menos hasta que estuviera claro si el incidente era o no un desafío deliberado autorizado a alto nivel (Informe Franks, punto 169).

47. La Oficina de Asuntos Exteriores y del Commonwealth y los ministros de Defensa dispusieron que el HMS Endurance debía partir para las Georgias del Sur al día siguiente, con algunos infantes de marina adicionales a bordo, a menos que los argentinos obedecieran las instrucciones del Gobernador. El comandante en jefe de la flota impartió las instrucciones necesarias al HMS Endurance hacia medianoche del 20 de marzo de 1982. Se indicó al gobernador que debía mantener en secreto el destino del HMS Endurance, a fin de evitar las apariencias de que se estaba agravando el incidente (Informe Franks párrafo 169).

48. La noche del día 20, el embajador británico en Buenos Aires, señor Williams, formuló una intimación al embajador Blanco en el Ministerio. […] Anticipó que Gran Bretaña, en ejercicio de su autoridad, desalojaría a los hombres de Davidoff. […]Williams dijo a Blanco que interpretaba que estas palabras de Londres podrían implicar el envío de algún buque. Dice Costa Méndez, que “la reacción del embajador Williams no tenía a nuestro juicio justificativo alguno y rechazamos por tanto sus conceptos y expresiones. Con mayor razón su velada amenazaba de usar la fuerza, la primera de una larga serie de actitudes agresivas británicas. Esa amenaza quedaría luego formalmente expresada en la nota entregada el día 23”. (Costa Méndez. Ob. Cit. Págs.112 y 113)

Islas Georgia del Sur
49. El embajador Blanco le contestó que por el momento no le podía adelantar nada y que analizaría la información recibida. Además, le suministró a su par británico la siguiente información: 1) El Bahía Buen Suceso (BBS) no era un barco de guerra sino de transporte, de características comerciales y bien conocido por las autoridades británicas; 2) Que el transporte del señor Davidoff en ese buque se debía a que no tenía otro medio de llegar a las Georgias para cumplir con su contrato; 3) Que el BBS saldría de las Georgias el día 21 de marzo una vez finalizado el desembarco de material y que iría hacia sus puertos acostumbrados de la Patagonia; 4) Que no había desembarcado personal militar alguno; que tampoco había participado en la realización de los trabajos de desembarco, por la sencilla razón de que no lo había a bordo del buque; que tampoco y por la misma razón se habían llevado armas de guerra a tierra. Que en tal sentido era inexacta la información suministrada por el British Antartic Survey; 5) Que si hubo manipuleo de elementos en tierra lo fue a efectos de acondicionar el muelle para la descarga; 6) Que la circunstancia del viaje del BBS y del desembarco del personal de Davidoff era bien conocida por el gobierno británico a través de la comunicación que efectuara el empresario a la Embajada del Reino Unido en Buenos Aires, por lo que la embajada había tomado conocimiento previo. La posesión de la Tarjeta Blanca hacia además innecesaria tal presentación; 7) Que en el contexto de las negociaciones, según el gobierno argentino, los hechos de las Georgias no revestían mayor importancia y se los debía contemplar en tono menor (Costa Méndez. Ob. Cit. Págs.113 y 114).Asimismo, el embajador Blanco observó que algunas de las aseveraciones de la gente del BAS […] eran inexactas, por lo que se permitía presumir que otros hechos alegados pudieran no ser tampoco ajustados a la realidad. [Al concluir la entrevista], Blanco reiteró que el incidente era menor y que Gran Bretaña le estaba dando una importancia totalmente desproporcionada (no había razón o motivo para transformar el episodio en un incidente diplomático); que era necesario tener presente que este era un territorio en disputa, que había sido reconocida por la comunidad internacional (Costa Méndez. Ob. Cit. Págs.114 y 115).

50. A medianoche del 20, en las oficinas de LADE de Stanley (Puerto Argentino), irrumpen un grupo de isleños y escriben sobre el escritorio del jefe con pasta dentífrica “ojo por ojo, ladrones” (tit for tat buggers), en clara alusión a lo sucedido en las Georgias. Para Rubén Moro, en La Guerra Inaudita (pág. 18): “el hecho no pasaba simplemente por la injusticia para con la empresa que durante tantos años había contribuido con su esfuerzo a salvar los problemas de aislamiento de los habitantes de las islas […]. Lo que sus autores procuraban era agravar lo más posible el incidente Georgias”. El Informe Franks, en su punto 174, también confirmó la agresión contra las oficinas de LADE.

51. El 21 de marzo, el comandante de la base en Grytviken, que había organizado un grupo de observación en Leith, informó que la bandera argentina había sido arriada, pero que no había indicios de que los argentinos se estuvieran preparando para partir. El embajador británico en Buenos Aires informó acerca de la respuesta oficial del gobierno argentino, que, sin presentar disculpas, expresó que esperaba que no se exagerara la importancia del acontecimiento. Confirmó que el grupo y el buque se retirarían el mismo día; que de ninguna manera actuaban oficialmente; que en el grupo no se incluían hombres de las Fuerzas Armadas y que no llevaban armas militares (Informe Franks, punto 170)

52. La OAEC informó al gobernador Hunt que el HMS Endurance zarparía rumbo a las Georgias del Sur a menos que se retirara el buque argentino con el grupo de hombres, y solicitó la confirmación de que el grupo estaba compuesto por civiles. El comandante de la base informó que algunos de los argentinos estaban vestidos con lo que le pareció a él ropa al estilo militar, y también que se habían comportada como militares, pero que no llevaban armas de fuego. Específicamente: “se avistaron de 50 a 60 argentinos, la mayoría vestidos de civil. Aunque no se observaron armas de fuego, nuevamente se oyeron disparos y se dio muerte a algunos renos, lo que era contrario a lo previsto en el contrato del señor Davidoff” (Informe Franks, Párrafo 170).

53. Luego de un preaviso de dos horas, 22 marines estacionados en Malvinas fueron embarcados en el Endurance a efectos de zarpar con destino a Puerto Leith. El objetivo: forzar a los argentinos a cumplir las órdenes impartidas por el gobernador Hunt, con la aprobación de la Royal Navy y actuando sin consultar al Foreign Office (Rubén Moro. La Guerra Inaudita. Pág. 18).

54. El lunes 22 de marzo, el comandante de la base en Grytviken informó que el BBS había zarpado de Leith y que no había señales del grupo en tierra (Informe Franks, punto 171). El encargado de negocios argentino en Londres (Sr. Molteni) informó a la OAEC que el BBS había partido de Leith el 21 de marzo, dejando equipos en tierra, y que suponía que todo personal se había retirado con el buque. […] La OAEC informó al encargado de negocios que el gobierno británico no deseaba agravar el incidente. Se ordenó al HMS Endurance que reanudara sus tareas habituales a menos que el comandante de la base informara que continuaban las presiones argentina en Leith (Informe Franks, punto 173).

 21 de Marzo de 1982 bandera en las Georgias
55. El día 22 por la mañana todavía imperaba la tranquilidad en Londres. El señor Fearn recibió al señor Molteni en el Foreign Office antes de mediodía y le pidió que transmitiera al gobierno de Buenos Aires la posición del gobierno británico. […] Fearn declaró que después de la entrevista mantenida por el embajador Williams y de haber escuchado al encargado de negocios argentino, su gobierno comprendía los verdaderos alcances de lo ocurrido. Admitió que su embajada estaba al tanto de los planes del señor Davidoff, pero pretextó que sólo los había conocido un día antes del incidente.* Cuestionó nuevamente el hecho de que no se hubiera solicitado autorización para desembarcar en Grytviken. A esto último respondió el representante argentino que las Georgias del Sur era un territorio reclamado por Argentina, y que no se podía pretender tal conducta. […] La Argentina aseveró que no se habían desembarcado armas y que todo caso las que portaban los hombres de Davidoff serían de defensa personal, portación más que justificada dada la índole del lugar. Fearn afirmó que alguna debían de haber tenido desde que se habían hecho disparos; que algún personal había visto más tarde comiendo un par de ciervos del lugar.** […] Comentó también que su gobierno poseía fotos que mostraban la bandera argentina flameando en las islas. Sobre el particular el ministro Molteni, a su vez, señaló que dados los sentimientos argentinos este hecho no debería sorprender, pero que en todo caso había sido producto de la acción espontánea de particulares y, en modo alguno, una actitud o decisión del Estado argentino. El señor Fearn concluyó afirmando que su gobierno daba este incidente por superado y no le otorgaba relevancia, desde que entendía que el buque había zarpado y el personal había sido embarcado. El señor Molteni aclaró, en cuanto a este último punto, que si bien había sido informado de la partida del buque no tenía información relativa a lo sucedido con el personal (Costa Méndez,  Ob. Cit. págs. 120 y 121). * Esta “excusa” era falsa. El Informe Franks en su punto 168 confirma que la embajada británica había sido notificada del viaje de Davidoff el 9 de marzo. Inclusive, también estaba al tanto de que el personal se trasladaría en un buque de la Armada Argentina. ** La cuestión de los renos es igualmente falsa. En el próximo fascículo explicaremos por qué.

56. El señor Fearn hizo saber también al ministro Molteni que el Foreign Office daría un comunicado de prensa. Dijo que en cualquier caso era mejor que se conociera la versión oficial y no las versiones distorsionadas que podrían dar los habitantes de las islas, que ya tenían amplio conocimiento de los sucesos. En suma, que quería evitar una difusión de la situación que no correspondiera a su verdadera entidad. A sugerencia argentina, admitió la conveniencia de añadir en el mismo comunicado una referencia a la condición del buque y a su partida de las islas. Por último, antes de concluir la reunión manifestó que su gobierno daría próximamente una respuesta a la propuesta que la Argentina había hecho el 27 de enero y reiterado en las reuniones del 26 y 27 de febrero. El mismo día 22 de marzo, y casi a la misma hora en que el señor Molteni entrevistaba al señor Fearn, el señor Williams visitaba al subsecretario, embajador Ros; la reunión se desarrolló en los mismos o parecidos términos. En ninguna de las dos oportunidades el gobierno argentino dijo o dio a entender que los obreros argentinos se hubieran retirado o que habrían de retirarse. El señor Fearn no entendió ni pudo haber entendido que se había producido el retiro de personal desembarcado. Londres mantenía contacto directo con Grytviken, y los hombres del British Antartic Survey ejercían una cuidada vigilancia sobre el contingente argentino (Costa Méndez, Ob. Cit. págs. 120 y 121). Sobre este particular: el Informe Franks señala que Molteni “suponía” que el personal había partido con la nave. Pero la versión argentina dice que Molteni: “nada sabía de los trabajadores de Davidoff” (Gamba y Freedman. Señales de Guerra. Pág.75). Al respecto, cabe destacar que el gobernador Hunt –informado como estaba de la llegada del grupo de Davidoff–había pedido a la BAS que estableciera un puesto de observación en un lugar desde el cual pudiese ver lo que sucedía con el BBS. Así se hizo desde hora temprana de la mañana del 21 de marzo. Dos hombres, en condiciones climáticas inclementes y equipados con poderoso binoculares, se instalaron a unos ocho kilómetros de la bahía Leith, pero desde el cual se domina un panorama excelente (Gamba y Freedman. Señales de Guerra. Pág. 77) ¿Pudieron o no pudieron haber visto la presencia del personal, una vez partido el BBS?

57. Finalmente, el Foreign Office emite el comunicado bajo el título de “Desembarco ilegal argentino en las Georgias del Sur”, sin incluir la adenda propuesta por el agregado comercial argentino, como se vio, consensuada previamente con Fearn. Como se vio, nada podía tener de ilegal desde que el viaje de Davidoff no sólo era conocido por la embajada británica sino que además había sido permitido. Al respecto, el historiador británico Freedman explica que “tanto la versión argentina como británica omitieron el hecho fundamental de la permanencia de los trabajadores [a pesar de la partida del BBS] y que los mismos no tenían intenciones de irse. El resultado fue un comunicado abierto a la opinión pública, antes de que la crisis fuera oportunamente resuelta. El comunicado provocó una fuerte reacción en la prensa británica al día siguiente (Lawrence Freedman. Official History of The Falklands Campaign. Tomo 1. Pág. 178). 

58. Por su parte, la Argentina emitió un comunicado propio: “El buque de transportes navales Bahía Buen Suceso realiza tradicionalmente navegaciones en puertos de la Patagonia, Malvinas y otras islas del Atlántico Sur. Un cumplimento de un contrato comercial de transporte, suscripto por un empresario privado, condujo a las Islas Georgias del Sur material cargado por el contratante, así como personal indicado por él y que requería para cumplir los trabajos que se proponía realizar en tierra. Luego de concluida la operación de transporte el 21 de marzo, el buque prosiguió su viaje habitual hacia otros puertos” (Costa Méndez, Ob. Cit. Págs. 122 y 123)

59. El tenor de la noticia “Invaders land on the Falklands” se hizo eco en la prensa británica y obligó a los funcionarios del Foreing Office a dar muchas explicaciones ante el Parlamento. Debe tenerse presente que esta información distorsionada de los hechos de Puerto Leith sería el iniciador del conflicto armado que llevó a ambos países a una guerra sangrienta. […] Los miembros del Parlamento apostrofaron duramente al Foreing Office exigiéndose una enérgica respuesta ante “el acto de provocación argentino”, ya que en eso se había transformado el pacífico desembarco de los hombres de Davidoff en la Isla San Pedro. Lord Carrington se vería así ante la necesidad de adoptar acciones para apaciguar al Parlamento y al frente interno (y salvar su puesto, cosa que no fue posible), dado el cariz del mensaje que había tomado estado público y crítico de su gestión (Rubén Moro. La Trampa. Pág. 14).

60. Avanzado el 22 de marzo, el comandante de la base en Grytviken informó que algunos argentinos todavía se encontraban en Leith (Informe Franks, punto 175).

61. El capitán Barker envió una comunicación telegráfica en la que opinó había indicios sobre la existencia de una confabulación entre el señor Davidoff y la Marina Argentina. La jefatura naval en Buenos Aires había felicitado al BBS por una operación exitosa y le había ordenado regresar a la ciudad capital lo antes posible. El gobierno recomendó enfáticamente que se debían impartir instrucciones al HMS Endurance para que retirara a los hombres de Leith (Informe Franks, punto 175). Nótese la escalada de la BAS, ¿confabulación?

62. Se ordenó al HMS Endurance continuar hacia las Georgias del sur y esperar nuevas instrucciones. La misma noche, el embajador británico en Buenos Aires informó que el Ministerio de Relaciones Exteriores había confirmado que quedaban algunos hombres en Leith pero recomendó no emprender una acción de fuerza, que irritaría a la opinión pública en la Argentina (Informe Franks, punto 176).

63. El 22 de marzo, la BAS informa que el puerto estaba vacío. Más tarde, emite un comunicado dando cuenta de la presencia de al menos diez argentinos en Leith. El embajador Williams recibe la noticia e insiste en que también se vayan. Pero el BBS ya había partido. Williams advierte el peligro: “Recomiendo enfáticamente que si existieran trabajadores contratados aún allí, todos los esfuerzos se hagan en regularizar su posición, permitiéndoles proseguir sus labores. Sería absolutamente contraproducente enviarlos de regreso acá [Buenos Aires] como héroes.” Williams quería tratar la cuestión como “un comportamiento irregular producto de un interés empresarial y no como algo intergubernamental”. (Lawrence Freedman. Official History of the Falklands Campaign. Tomo 1. Pág. 178). Nótese la diferencia entre la posición del gobierno británico y la del gobernador Hunt-BAS.

64. Sin embargo y tal como explica el historiador oficial británico Freedman, “un nuevo y contradictorio mensaje provino de Stanley (Puerto Argentino). Hunt y Baker […] en una fiesta de los oficiales del Endurance, juntos en la cocina tramaron una respuesta cuando les llegó el comunicado [que alertaba sobre la continuidad del personal argentino en Georgias del Sur]. Primero, Hunt indicó que Davidoff no era un simple chatarrero y que de dejar impune el incidente, más arribos ilegales sin duda llegarían. Al reporte de la BAS, agregó a modo de anexo que debería instruirse al Endurance a remover el personal argentino en Leith. Por su parte, Baker contribuyó recordándole a Londres la supuesta existencia entre una confabulación entre Davidoff y la Armada Argentina” (Lawrence Freedman. Official History of the Falklands Campaign. Tomo 1. Pág. 178).

65. Durante la noche del 22 al 23 de marzo, alguien escribió “UK OK” [Reino Unido, ok] sobre dos ventanas exteriores de la oficina de LADE (Informe Franks, punto 174). Es decir, esta era la segunda agresión de los kelpers, después de aquella de la noche del 20.

 66. El 23 de marzo el capitán Barker envió una nueva comunicación telegráfica a la OAEC que, entre otras cosas, refería la ocurrencia reciente de tres sobrevuelos de aviones de la Fuerza Aérea sobre las Georgias del Sur y que el Bahía Buen Suceso había guardado un estricto silencio con la radio durante su permanencia en las mismas islas. Al atraer la atención del señor Luce sobre esta comunicación, los funcionarios de la OAEC comentaron que era evidente que la operación en las Georgias del Sur se había realizado con el pleno conocimiento y quizá con la guía de la Marina Argentina (Informe Franks, punto 177).

67. El día 23, el comandante de la Base en Grytviken informó que se estimaba que habían quedado unos diez argentinos en Leith. Hubo una aprobación ministerial para que el HMS Endurance y los infantes de marina británicos a bordo de este los retiraran de allí (Informe Franks, punto 178).

68. El 23, la Cancillería argentina ratificó que la empresa Islas Georgias (Davidoff) tenía un contrato privado; que el señor Davidoff había efectuado un viaje similar en diciembre de 1981 sin inconvenientes y que ello estaba debidamente en conocimiento y autorizado por las autoridades británicas (Rubén Moro. La Guerra Inaudita. Pág. 21).

69. Por la tarde del mismo día, el señor Luce presentó el informe de situación ante la Cámara de los Comunes: “El comandante de la BAS en Grytviken nos informó el 20 de marzo que había desembarcado un grupo de argentinos en las proximidades del puerto Leith. El comandante de la base informó al grupo de argentinos que su presencia era ilegal ya que no habían obtenido previamente su autorización para el desembarco. Inmediatamente tratamos el asunto con las autoridades argentinas en Buenos Aires y la Embajada de la Argentina en Londres y, tras nuestro acercamiento, el buque con mayoría del personal a bordo partió el  21 de marzo. Sin embargo el comandante de la base informó que un pequeño número de hombres y algunos equipos quedaron allí. Por lo tanto estamos tratando de asegurar su pronta partida (Informe Franks, punto 179). Según explica Costa Méndez en su libro ya citado (Pág. 128 y 129), Luce también expresó que “estamos haciendo los necesarios preparativos para asegurarnos que se vayan los obreros que han permanecido en tierra”. Pero esta declaración que fue considerada prudente por la prensa, fue literalmente rechazada por los parlamentarios “con el mismo fastidio con que habían reaccionado años atrás frente a Ridley o a Rowlands [ex funcionarios del Foreign Office y sus respectivas propuestas para resolver pacíficamente la disputa de soberanía]; o antes, en 1968 frente a Lord Chalfont [propuso a los kelpers la transferencia de soberanía a la Argentina]. […] debidamente instruidos e inspirados o dirigidos por el Comité de las Islas y por los grupos de presión, cada vez que un funcionario británico asumía en este asunto actitudes que se acercaran a la sensatez y a la cordura y pudieran conducir a un acuerdo”, se alzaba el lobby de la FIC y la Royal Navy. Y la presión rindió sus frutos. Luce, debió cambiar pues su discurso sobre la marcha: “Este gobierno está comprometido a apoyar y defender a los isleños y sus territorios con toda su capacidad […]; no habrá ninguna posibilidad de cambio en las islas sin el consentimiento de los isleños. Sus deseos son primordiales. Al mismo tiempo tampoco se hará nada sin el consentimiento de esta Cámara. […] Tenemos una obligación hacia las islas y ésa es la de apoyarlas y defenderlas. Eso es lo que haremos” (Costa Méndez. Ob. Cit. Págs. 132, 133 y 134). El historiador británico Freedman revela en la página 181 (Ob. Cit.) similares palabras de Luce, a las que agrega, a modo de inobjetable veredicto: “Una vez más el activismo parlamentario endurecía la posición británica sin medir las consecuencias. Más tarde, Williams culparía ‘al elevado tono que adoptamos en nuestra notificación [a la Argentina] y a la opinión pública (sobre la cual la Embajada no fue consultada) acerca de las medidas que habríamos de tomar para retirar a los trabajadores argentinos’ el enfurecimiento de la Junta. […] El embajador le sugirió a Costa Méndez que explorara la forma en el que el BBS podría regresar a las Georgias y recoger a los obreros, […] pero la posibilidad de tal solución había sido descartada de plano por la atención mediática. Costa Méndez observó: ‘todo está en la prensa hoy’.” Como puede apreciarse, el gobierno conservador no sólo priorizó la política interna a la diplomacia, volviendo a ratificar a los isleños y sus “deseos” como tercera parte en la disputa, sino que además extendieron el incidente de las Georgias a las Islas Malvinas, dejando deslizar el compromiso de una mayor actitud defensiva en el plano militar. Esto último surge de las conclusiones del debate Parlamentario del 23: se revalorizaría el área del Atlántico Sur; se mantendría apostado al Endurance y, posiblemente, una pequeña flota permanente; se retendría la BAS (Virginia Gamba. El Peón de la Reina. Pág. 137). Finalmente, cualquiera que ingrese a los archives oficiales de la Casa de los Comunes puede leer, en relación a la jornada del 23, cómo ciertos parlamentarios presionaban al señor Luce para que elevara al gobierno la necesidad de enviar una fuerza naval de defensa. El funcionario simplemente se limitaba a responder que cualquier decisión del estilo lo excedía, y que correspondía al secretario de Estado para la Defensa (HC Deb 23 March 1982. vol 20 cc798-801).


70. El día 23, el embajador británico en Buenos Aires recibió una información de la OAEC. En ella, los ministros habían decidido que el HMS Endurance debía continuar en las Georgias del Sur con el fin de retirar de allí a los argentinos restantes. Recibió ins-trucciones de comunicar a la Cancillería que como continuaba la presencia de los argentinos, a pesar de lo que habían asegurado anteriormente, no quedaba otra alternativa que tomar esa medida, que era la lamentable consecuencia de la propia irresponsabilidad del señor Davidoff. Se tenía la intención de llevar a cabo la operación correcta y pacíficamente y con la mayor moderación posible (Informe Franks, punto 180). Para Costa Méndez (Ob. Cit. Págs. 128 y 129) se reiteraba la sustancia del comunicado del 20 de marzo [ver punto 48], la cual “tenía principio de ejecución. El Endurance ya estaba en las Georgias desde el día 22. Fuentes británicas incuestionables, el diario de la oficina de la British Antartic Survey en Grytviken, entre otras, así lo prueban. La nota era muy grave. No era una intimación; no era tampoco una amenaza, ni siquiera un ultimátum. El Reino Unido contra todas las normas del derecho internacional y la práctica diplomática, notificaba a la República Argentina que utilizaría la fuerza para desalojar a un grupo de argentinos, civiles, sin representación oficial alguna, que habían desembarcado en las Islas Georgias. El gobierno del Reino Unido aducía que habrían infringido, en circunstancias hasta ese momento en modo alguno precisadas o probadas o aclaradas, disposiciones inmigratorias. En el peor de los casos, podía haberse atribuido al barco argentino o a los hombres de Davidoff la violación de una reglamentación inmigratoria o de una disposición que regulaba la navegación en la zona o la entrada a los puertos, no otra cosa. Según Londres, el buque no habría entrado por donde debería y sus pasajeros no habrían desembarcado en el lugar indicado. Esta sería, en la situación más favorable a Gran Bretaña, la gran falta cometida por el barco argentino y por sus tripulantes”. En fin y como bien afirma Costa Méndez, el comunicado del 22 “no constituía una amenaza del uso de la fuerza, constituía una notificación formal de que usaría la fuerza. Es decir, una violación concreta de las Carta de las Naciones Unidas. La desproporción entre los hechos protagonizados por Davidoff y el envío de un buque de guerra era asombroso y desconcertante”. El ex canciller argentino relata en su libro que ni bien tuvo conocimiento de la nota, la transmitió telefónicamente a Galtieri. Este a su vez le dijo que concurriera sin demora a una reunión de la Junta Militar a la que por entonces se encontraba afectado.

71. Costa Méndez, en su libro cuenta que antes de su llegada a la reunión de la Junta, la misma “ya había resuelto: 1) Proteger al personal argentino; 2) Interceptar al Endurance para evitar que llegara a Puerto Leith, embarcara al personal argentino y precaviera su traslado a Puerto Stanley (Puerto Argentino), según fuera el caso; y 3) Destacar al Bahía Paraíso, que estaba en las Orcadas con motivo de la campaña de verano en la Antártida, a Puerto Leith. La Junta Militar, dada la gravedad de las circunstancias, había considerado, también antes de mi llegada, que era conveniente prever la posibilidad de que fuera necesario utilizar el plan cuya preparación se había dispuesto al comienzo del año y había resuelto activar su preparación. Le dio nombre, dispuso que cualquier acción en las Georgias debería llevarse a cabo bajo la responsabilidad del comandante de teatro Malvinas y aprobó directivas y un plan esquemático de campaña. Pero en modo alguno decidió llevarla a cabo. Por lo menos no me lo informó” (Ob. Cit. Págs. 129 y 130). Se había reactivado el plan del 5 de enero, el cual además de las Malvinas previa también las Georgias. El Bahía Paraíso llevaba 14 infantes de marina a cargo de Astiz.

Canciller argentino Nicanor Costa Mendez
72. El mismo 23 por la tarde, Costa Méndez vuelve a reunirse con la Junta. Iba con el mensaje que el canciller Lord Carrington le había transmitido y que había recibido de manos del embajador Williams. Según Freedman, el mensaje era el siguiente: “En vista del tono emotivo que este incidente generó en Gran Bretaña, […] resulta esencial que el personal argentino que permanece en Georgias del Sur sea evacuado a la brevedad. Si el gobierno argentino puedo ordenar al Bahía Buen Suceso el inmediato retorno a Leith para realizar tal operación, el uso del HMS Endurance no será necesario. Si esto no ocurriera, no tendríamos otra opción que proceder” (Ob.Cit. Pág. 182). Costa Méndez leyó a la Junta Militar la nota y señaló su gravedad. También indicó “la conveniencia de buscar solución diplomática al incidente y evitar el desborde hacia otro tipo de confrontación. Señalé, después de leer la resoluciones que la Junta había adoptado, que consideraba que la orden de intercepción podría resultar peligrosa y prematura. La Junta, luego de deliberar, aceptó mi sugestión y dispuso que no tuviera lugar acción de intercepción alguna. La Junta actuaba con prudencia y procuraba evitar así un incidente bélico y detener cualquier intento de escalada militar. […] Pedí y recibí instrucciones para decir al gobierno británico que cualquier acción de fuerza arbitraria tendiente al desalojo de los integrantes argentinos de la operación Davidoff tendría consecuencias muy negativas, también para continuar las conversaciones y negociaciones con el gobierno del Londres dirigidas a dar al incidente una solución pacífica. Sugerí también que propusiéramos al Reino Unido la constitución, tan pronto como ellos fuera posible, de la comisión prevista en las reuniones del 26 y 27 de abril y el tratamiento de esta disputa en el seno de ella” (Ob. Cit. Págs. 129 y 130).

73. La Junta instruyó al canciller para continuar y prolongar las negociaciones. Que hiciera saber a Londres que si se evacuaban los obreros por la fuerza la situación podía acarrear graves consecuencias; que la Argentina se hallaba siempre dispuesta a negociar siempre y cuando se considerara la cuestión de fondo, procurando trasladar el asunto a la ronda de negociaciones que se llevaban a cabo en Nueva York por las Islas Malvinas. La Junta se hallaba alarmada por la exageración que se había dado en Londres al incidente así como por la actitud del gobierno británico y las intenciones ocultas que podrían motivarla, siendo evidentes dos temas que le resultaban particularmente preocupantes: 1) la intención de no negociar el futuro de las islas [recordar que se seguía hablando de los “deseos” de los isleños]; y 2) los anuncios del gobierno británico de mantener una presencia naval importante en el área. Los cables provenientes de Londres dando cuenta de las noticias del día 23 no eran por cierto alentadores: El Daily Telegraph mencionaba en su primera plana “barcos liquidados (previstos para su desactivación o desguace) navegan para echar a los intrusos”; The Guardian: “Gran Bretaña envía la Flota Real”, entre otras noticias que daban cuenta del envío del Endurance para expulsar a los obreros (Rubén Moro. La Guerra Inaudita. Pág. 22 y La Trampa. Pág. 119). Costa Méndez perdía poder ante la posición más dura de la Junta, encarnada en el almirante Anaya. Según el Informe Franks (punto 190), dicha posición consistía en “tomar medidas si tras la propuesta argentina presentada en Nueva York no se lograban progresos concretos con respecto a la transferencia de soberanía dentro de los próximos meses”.

74. En la noche del 23 de marzo el doctor Costa Méndez comunicó al embajador británico en Buenos Aires su agrado por el último mensaje de Lord Carrington, en el que se le ordenaba al Endurance esperar en Grytviken en lugar de continuar hacia Leith, aunque se aclaraba que el retiro del personal argentino se realizara sin demoras, o serían retirados por otros medios (Informe Franks, punto 184). Había discutido el problema con la Junta. El doctor Costa Méndez manifestó que suponía que era posible que otro buque argentino fuera a buscar a los hombres, y que iba a discutir esto con los militares. Al presentar un informe sobre esta conversación en la OAEC, el embajador británico comentó que pensaba que el doctor Costa Méndez trataba de ser útil y sensato, pero que se encontraba limitado por ‘la opinión pública y los militares’ (Informe Franks, punto 185).

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