domingo, 29 de marzo de 2015

La cuestión Malvinas


La cuestión Malvinas

Escrito en castellano y en inglés, Malvinas Matters fue editado por la embajada argentina en Londres y generó polémica cuando Alicia Castro se lo envió a los legisladores británicos el mes pasado. Es una recopilación de ensayos escritos por especialistas argentinos e ingleses donde se analizan la disputa sobre la soberanía, la militarización y la economía del archipiélago. Aquí se reproducen los fragmentos elaborados por el historiador Richard Gott, que recuerda cuando Gran Bretaña quiso devolver las islas, y por el periodista Seumas Milne, que critica al “vestigio colonial”.

Hace más de cuarenta años, en noviembre de 1968, viajé a las Malvinas con un grupo de diplomáticos británicos de alto rango en lo que fue la primera tentativa de Gran Bretaña de abandonar las islas y devolverlas a la Argentina. Lord Chalfont, entonces alto funcionario del gobierno laborista en el Ministerio de Asuntos Exteriores, fue el líder de esta expedición en la que tuvo la poco envidiable tarea de tratar de persuadir a los 2 mil isleños de que el imperio británico podría no durar para siempre y que, por lo tanto, deberían empezar a considerar que sería mejor para ellos ser amigos de su más próximo vecino, la República Argentina, que desde mucho tiempo atrás venía reclamando las islas. Era el momento en que Gran Bretaña, por razones financieras, estaba abandonando su presencia “al este del Canal de Suez” y pensando en formas de liquidar los últimos restos de su imperio.

En 1967, los británicos ya habían deportado por la fuerza a los habitantes de Diego García, reubicándolos en Mauricio y en las Seychelles sin demasiada repercusión negativa en la prensa, y entregado las islas a los Estados Unidos para establecer una gigantesca base aérea en plena Guerra de Vietnam (base que más tarde fue también utilizada para bombardear Irak). Las Malvinas eran las siguientes en la lista. Tal vez se les podía pagar a los isleños para que se fueran y establecieran granjas para la cría de ovejas en Nueva Zelanda.

Viajé desde Montevideo con media docena de periodistas británicos y durante diez días visitamos casi todas las granjas y poblados en las dos islas principales, volando en un pequeño avión o en el helicóptero del buque HMS Endurance. Yo estaba totalmente a favor de las propuestas de Chalfont, y escribiendo para el diario The Guardian traté de explicar a los lectores lo que él estaba tratando de hacer. Sin embargo, el clima no era propicio: en todas partes nos recibieron con la bandera británica y las mismas consignas –“Chalfont Go Home” y “Queremos seguir siendo británicos”–, que ya podíamos ver desde el aire antes de aterrizar. En nuestro último domingo en las islas, en la pequeña catedral en Puerto Argentino cantamos el himno con que culminan los oficios religiosos coloniales: “El día que nos dio el Señor se ha terminado”.

Pero no hubo caso. Los isleños fueron inflexibles. No querían tener nada que ver con Argentina. Chalfont tuvo que partir, prometiéndoles que nada ocurriría sin su consentimiento. La gente a veces me pregunta por qué los argentinos hacen un alboroto infinito sobre las islas que llaman “Malvinas”. La respuesta es simple: las Malvinas pertenecen a la Argentina. Sucede que han sido usurpadas, ocupadas, pobladas y defendidas por el Reino Unido. Debido a que el reclamo de la Argentina es perfectamente válido, su disputa con Gran Bretaña nunca va a desaparecer; y como gran parte de América Latina hoy tiene gobiernos de izquierda nacionalistas, el gobierno de Buenos Aires cuenta con un apoyo cada vez más amplio en el continente –y también en otros lugares–, para el creciente desconcierto de Gran Bretaña.

Todos los gobiernos de Argentina, de cualquier signo político, seguirán reclamando las Malvinas. Las Malvinas fueron usurpadas por Gran Bretaña en enero de 1833, durante una época de dramática expansión colonial. Gran Bretaña y Argentina han estado en desacuerdo desde entonces acerca de los distintos aspectos de la ocupación británica, y durante gran parte del tiempo las autoridades británicas han sido conscientes de la debilidad relativa de su posición. La historia muestra que los sucesivos gobiernos británicos han considerado su pretensión sobre las islas como débil, y algunos han favorecido las negociaciones, como el gobierno de Harold Wilson, en 1968, y el de Margaret Thatcher, en 1981.

James Callaghan, cuando fue ministro de Relaciones Exteriores en la década de 1970, advirtió que “hay que ceder algo de terreno […] y estar preparados para discutir un acuerdo de arriendo (lease-back)”. El miembro del gabinete señaló que “hay muchas maneras en que la Argentina podría actuar contra nosotros, incluyendo la invasión de las islas [...] y no estamos en condiciones de reforzar y mantener la defensa de las islas como un compromiso a largo plazo. La alternativa de mantenernos firmes y aceptar las consecuencias no es, por lo tanto, practicable”.

Una década más tarde, en 1982, Gran Bretaña y Argentina estaban en guerra por las islas, y casi un millar de personas perdieron la vida. El reclamo argentino sigue siendo bueno y nunca va a desaparecer. En algún momento, la soberanía y el lease-back tendrán que estar en la agenda de nuevo, independientemente de los deseos de los isleños. (...)

Esto no es libre determinación. Es un vestigio colonial ruritano

Cuando en un referéndum hay 99,8% de votos afirmativos, podemos estar seguros de que algo raro está pasando. Y a pesar de la insistencia de David Cameron en que la votación estilo Corea del Norte en las islas “Falkland” –o Malvinas, como se las conoce en la Argentina– debe ser tratada con “reverencia”, es claro que se trata de uno de esos casos.

Lo cual no significa que haya habido fraude. Sin duda, 1.514 residentes de las islas realmente votaron a favor de la continuidad del dominio británico. La única sorpresa fue que tres isleños se atrevieron a arruinar los apasionados coros de Land of Hope and Glory votando en contra. (...)

¿Qué otro resultado puede razonablemente esperarse al poner el futuro de las islas en manos de la minúscula población de colonos británicos, la mayoría de ellos ni siquiera nacidos allí, pero subsidiados a razón de 44.856 libras por cabeza (66 mil dólares) para mantener el retrocolonialismo estilo Rhodesia al que están acostumbrados? Al otorgarles poder de veto a los colonos sobre cualquier cambio en el estatus de las islas, el gobierno británico pretende evitar el punto central del conflicto. Pero esto no va a ser reconocido ni por la Argentina ni por América Latina, Africa o Naciones Unidas –que considera este vestigio imperial como un problema de descolonización–, ni por Estados Unidos, que es neutral en la disputa. Todos llaman a negociaciones de soberanía, que Gran Bretaña rechaza.

El argumento es que los isleños tienen el derecho a la libre determinación, a pesar de que se encuentran a 450 kilómetros de Continente y al otro lado del mundo con respecto a Gran Bretaña. Sin duda, tienen derecho a que sus intereses y modo de vida sean protegidos, y al autogobierno. Pero el derecho a la libre determinación depende de quién decide el futuro de qué territorio, y como la disputa es sobre si las islas son parte de continente nacional argentino o no, se trata también de quién debe ejercer ese derecho. La libre determinación requiere de un pueblo reconocido como tal y viable para ser independiente, razón por la cual la ONU ha rechazado la aplicación de este principio a las islas. Es evidente que los residentes de, digamos, los Wallops de Hampshire, con una población de tamaño similar a la de las Malvinas/Falklands, no pueden ejercer ese derecho. Ni puede la colonización forzosa de tierras ajenas legitimar la aplicación del principio de libre determinación. (...)

El escritor argentino Jorge Luis Borges describió célebremente la guerra como “dos pelados peleando por un peine”. Una generación más tarde,el descubrimiento de reservas de petróleo y gas potencialmente importantes alrededor de las islas, el desarrollo de la industria pesquera y la creciente importancia de las rutas marítimas antárticas han cambiado el panorama. Por mucho tiempo, el pensamiento político establecido ha dictado que después de la guerra de 1982, en la que más de 900 personas perdieron la vida, ningún político británico podía permitirse siquiera insinuar
la idea de un compromiso sobre Malvinas. (...)

http://www.perfil.com/

sábado, 28 de marzo de 2015

La militarización en Malvinas no es por una amenaza argentina


La militarización en Malvinas es injustificable

Especulación política y control del Atlántico Sur.

Veteranos de Guerra argentinos y los  Kelpers reconocen que no existe riesgo alguno de una acción militar.

En medio de una situación económica complicada, el secretario de Defensa del Reino Unido, Michael Fallon, justificó el gasto militar el pasado martes 24 ante la Cámara de los Comunes, con un argumento falaz.

Fallon intentó convencer a los parlamentarios laboristas y conservadores de que "la Argentina sigue siendo una amenaza muy viva", por lo cual resulta necesario enviar dos helicópteros, instalar nuevos misiles antiaéreos, mejorar sistemas de comunicación en el archipiélago y modernizar equipos que utilizan los 2 mil soldados británicos estacionados en las islas australes.

El diario sensacionalista The Sun manifestó la inquietud del Reino Unido porque supuestamente la Argentina estaría negociando la compra de doce bombarderos rusos con el gobierno de Vladimir Putin, lo cual fue desmentido por el Ministerio de Defensa de Argentina.

Fallon avaló la idea de que la Argentina se rearma con ayuda de Rusia pero dijo no haber podido constatar la supuesta compra de aviones rusos. Y que es “una amenaza creciente”, de “agresividad” y de las alianzas con China y Rusia. 

También comentó las perspectivas de futuras adquisiciones. Retomaba así un tema que había sido anticipado por el diario sensacionalista The Sun, que anticipó el plan y lo relacionó con la posible compra de cazabombarderos rusos de última generación Su-24. Tanto Argentina como Rusia negaron que existan perspectivas de una compra, fuentes del ministerio indicaron que se está evaluando la compra de material aéreo militar a China.  

En un comunicado, la cancillería argentina dijo que “además de inverosímil, resulta absolutamente injustificable que se agite el fantasma de una presunta ´amenaza argentina´ para aumentar el presupuesto militar británico y consolidar la creciente militarización de las islas”.

La postura británica coincide con los ataques discursivos del gobierno de Barack Obama hacia Rusia, por lo cual se estima que Londres intenta aceitar la vieja alianza, ante la soledad diplomática que padece en torno del conflicto de Malvinas.

Cuestionado por la OTAN por el conflicto con Ucrania, Moscú sostiene que "Crimea es mucho más rusa que Malvinas británica".

La advertencia sobre un supuesto apoyo del gobierno Putin a la Argentina no sólo le sirve a Londres como excusa para aumentar su presupuesto militar, sino también como guiño a Washington que en los últimos tiempos no defendió a su viejo aliado con entusiasmo respecto de Malvinas.

También se especuló que el gobierno del conservador David Cameron intenta captar votos nacionalistas para la elección del próximo 7 de mayo, en la cual aspira a conquistar un segundo mandato hasta el 2020.
Cameron sostiene una dura porfía con los laboristas, ya que las encuestas indican que ambas fuerzas poseen una intención de voto similar.

Sin embargo, el primer ministro deberá esmerarse para demostrar una supuesta agresividad argentina ya que, más allá del énfasis puesto en la recuperación de las islas Malvinas, desde la reinstauración de la democracia ningún gobierno se planteó el suicidio de un nuevo conflicto armado.

El principal periodista Kelper en Malvinas, John Fowell, dijo: “No temblamos de miedo en anticipación de otra invasión, pero nos gustaría que la Argentina dejase de lado su reclamo anacrónico de soberanía”. El editor del periódico Pinguin News indicó también que, en su opinión, “lo que hemos visto esta semana es un ejemplo de cómo los políticos y los medios más sensacionalistas pueden crear un monstruo de un ratón”.

Además, utilizó el humor para señalar el flaco estado del material militar argentino: “Dado el estado del material militar y naval argentino, el mantenimiento y la renovación puede parecer algo extraño, pero es bastante normal en fuerzas que pueden costearlo”.

Para quienes participaron de la guerra de 1982 también parece impensable el uso de la fuerza. “A pesar de que durante el conflicto la disparidad tecnológica era importante, la diferencia que existe hoy es mucho más grande”, explicó el responsable de un escuadrón aéreo durante el conflicto de 1982, que pidió anonimato.

Desde su perspectiva, “no hay ningún indicio de que nuestro país pueda pensar en una opción militar, el último material aéreo que se sumó a la fuerza fue en 1997 (los A4-AR), hoy se están evaluando distintas opciones”.

La diferencia con 1982 no surge sólo del material aéreo, explica el oficial retirado, “en ese momento los aviadores tenían muchas más horas de vuelo de las que pueden tener hoy los efectivos de la fuerza, además hay otra diferencia que es cualitativa, porque en aquel momento no sólo había más horas de vuelo, sino que incluían más prácticas de tiro y otras requeridas para contar con la aptitud en combate”.

Para algunos el mensaje británico es para consumo interno ante la próxima elección. Para otros forma parte de una apuesta estratégica a largo plazo que busca justificar la presencia militar británica en el Atlántico Sur.

Más allá de las diferencias, argentinos y kelpers coincidieron en que no tienen ningún sustento los temores a una eventual acción militar argentina, ventilados esta semana por el ministro de Defensa británico, Michael Fallon.

La cancillería nacional insistió en que la Argentina no tiene ninguna hipótesis de conflictos con terceros países, pero la reivindicación de la soberanía sobre las islas australes está incorporada a la Constitución Nacional.

El Reino Unido no acató ninguna de las 40 resoluciones de Naciones Unidas que instaron a negociar ambas partes, además de numerosas declaraciones de organismos regionales como Unasur, Mercosur y Celac, y de otros entes internacionales como el Grupo 77 y China.

Referencias
http://www.telam.com.ar/
http://www.perfil.com/


jueves, 26 de marzo de 2015

Oficialismo y oposición criticaron al Reino Unido por el refuerzo militar de las Malvinas


Oficialistas y oposición criticaron al Reino Unido por el refuerzo militar de las Malvinas

Hubo consenso entre legisladores para condenar la decisión de Londres de mejorar la defensa de las islas por lo que definió como "una amenaza muy viva". Piden que Rossi y Timerman informen de la situación
Una vez más, las acciones de Reino Unido sobre las Islas Malvinas logran parar al oficialismo y a la oposición en la misma vereda. El anuncio del secretario de Defensa, Michael Fallon, sobre el incremento del gasto militar en el archipiélago cosechó expresiones de reprobación en las principales fuerzas con representación en el Congreso.

El senador por Proyecto Sur, Fernando "Pino" Solanas, calificó como "bravuconada neocolonialista" a la medida de Londres, mientras que el diputado radical Julio Martínez lo describió como "otra provocación inadmisible e intolerable" no solo hacia la Argentina, sino también "un insulto para la inteligencia de la comunidad internacional".

Fallon defendió la resolución del gobierno de David Cameron al considerar que existe una "amenaza muy viva" de que exista un conflicto en la región. La prensa de ese país sugirió que la Argentina podría intentar recuperar las islas con ayuda de Rusia.

La sospecha del Reino Unido tampoco pareció viable a los ojos del titular del bloque de diputados del PRO, Federico Pinedo. "Los ingleses saben que los argentinos pusimos hasta en nuestra Constitución que la recuperación de Malvinas sólo puede hacerse conforme al derecho internacional, así que su militarización obedece a política interna o a intereses militares", observó.

El martes, el canciller Héctor Timerman sostuvo que el gobierno británico "utiliza" el tema de manera política. Al respecto, la jefa del GEN y precandidata presidencial Margarita Stolbizer señaló que "si quieren usar electoralmente el tema Malvinas y hacerles gastar dinero a los contribuyentes británicos, es una cuestión de ellos" y remarcó que la Argentina debe "fijar" una posición "independientemente de estas provocaciones de los británicos".

La diputada fustigó al Ejecutivo nacional al considerar que "cae una vez más en la sobreactuación y las bravuconadas para fijar posiciones en materia de política exterior", por lo que consideró que "son unos irresponsables y llevan a la Nación a los peores lugares en la consideración mundial".

También Solanas también cargó contra la política del gobierno nacional al señalar que "se han perdido más de dos décadas en políticas erróneas y entreguistas" mientras Gran Bretaña "avanza sobre nuestros recursos petroleros y pesqueros y que además, solidifica su presencia militar a escasos 500 kilómetros de nuestras costas".

En tanto, el diputado aliado al massismo Alberto Asseff (UNIR) presentó un pedido para que se cite a Timerman y al ministro de Defensa, Agustín Rossi, para que informen sobre la situación en Malvinas.

Por su parte, el senador kirchnerista Ruperto Godoy aseveró que "en lugar de seguir militarizando el área de las Islas Malvinas, correspondería que el Gobierno inglés se siente a la mesa de negociaciones, tal como establece Naciones Unidas, para notificarse que la Argentina no maneja ninguna hipótesis de conflicto en ningún lugar del mundo". Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores y Culto de la Cámara alta, Godoy enfatizó que "el reclamo pacífico por la soberanía de Malvinas es una política de Estado que apoyan todas las fuerzas políticas y sociales de la Argentina".

Archivo General

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