jueves, 22 de enero de 2015

Malvinas: El ADN de nuestra soberanía


Malvinas: El ADN de nuestra soberanía

Venimos hablando en esta columna de los pájaros patagónicos malvinenses que surcan el cielo de nuestro sur en una ida y vuelta incansable, de costa a costa, como si fueran aves del mismo nido.
Hablamos de delfines y ballenas, de los millones de peces que están siendo atrapados en las inmensas redes de los barcos depredadores con patentes de piratas o destrozados por las excavadoras petroleras que navegan por “el fin del mundo” que, en verdad, es el principio azul y blanco de nuestro mar austral. Venimos hablando de un litigio desigual con el poderoso Reino Unido que invadió las islas en 1833 y que desoye cualquier sentencia del derecho internacional para que devuelvan lo que les pertenece por legalidad y legitimidad a los argentinos. Ahora llegó el momento de mostrar y demostrar que también por línea sanguínea y por presencia física, esas islas fueron, son y serán argentinas. 

Alguien se acercó un día a Rodolfo Walsh y le dijo: “Hay un fusilado que vive”. De allí nació una de sus obras maestras, Operación Masacre, relatando la verdad sobre los fusilamientos de la “revolución libertadora” de Aramburu y Rojas, contra militantes peronistas en los basurales de José León Suárez. Salvando las distancias, nosotros también nos proponemos bucear en la historia con las huellas que dejaron aquellos primeros argentinos de Malvinas, porque son ellos, no los que fueron intrusados, el verdadero pueblo original de nuestras islas. Allí nació una niña, hija de María Sáez y el gobernador Vernet, a la que llamaban Malvina, en honor a la tierra donde vio la luz, de nacionalidad “natural de la República Argentina”, según consta en el Certificado de Bautismo. Y hubo decenas de gauchos que se alzaron al interior de las islas, campo adentro, para no ser prisioneros de los ingleses cuando nos invadieron en 1833. 

Otros quedaron trabajando en faenas y quehaceres de peón rural. Entre ellos, un tal Antonio Rivero, un criollo entrerriano que anduvo resistiendo con lo que tenía a mano. Tomó la comandancia de las islas, arrió la bandera de los colonialistas e izó la bandera argentina, como correspondía. Luego de varios meses, los ingleses lo apresaron. Liberado tiempo después, se enroló en las filas del Ejército que comandaba el General Lucio Mansilla, durante el gobierno de don Juan Manuel de Rosas, muriendo heroicamente en la Batalla de la Vuelta de Obligado, guerreando contra la flota anglo-francesa en 1845. 

De esa épica venimos los argentinos, de una historia que conforma el ADN inapelable de nuestra soberanía en Malvinas. Ahora que el gobierno inglés apela al único argumento de los conquistadores, enviando poderosos destructores armados con misiles de largo alcance, al príncipe heredero en ejercicios bélicos, a Cameron ofendiendo a la memoria y el buen gusto en la medieval legislatura británica, para justificar la muletilla de la “autodeterminación de los kelpers”, es hora que expongamos a cielo abierto todas las evidencias que demuestran nuestra legítima soberanía en las islas. En todos los planos de la vida. 

En 1810, la Primera Junta de la Revolución de Mayo ordena con la firma de Cornelio Saavedra y Juan José Paso asistir económicamente a los gastos que demanden las Malvinas, “como si fuesen un navío nuestro en alta mar”. En 1816, a un mes de la declaración de nuestra Independencia, el General José de San Martín ofrece la libertad a los prisioneros en Patagonia y en Malvinas, a cambio de alistarse en el Ejército de la patria. 

En 1820, el gobierno argentino ocupa plenamente el archipiélago y nueve años después, nombra a don Luis Vernet, comandante y gobernador de las Islas. Antes, en 1824, fue comandante militar de Malvinas, un indio guaraní llamado Pablo Areguatí. Un día como hoy, 5 de febrero, pero de 1830, nace Malvina Vernet. Hubo argentinos y argentinas, antes y después de la ocupación colonialista. La esposa del gobernador cuenta en su diario íntimo: “Es domingo 30 de agosto (1829). 

Muy buen día de Santa Rosa Lima y por lo que determinó Vernet tomará hoy posesión de la Isla en nombre del gobierno de Buenos Aires, a las doce se reunieron los habitantes se enarboló la Bandera Nacional a cuyo tiempo se tiraron veintiún cañonazos, repitiéndose sin cesar el ¡Viva la Patria! Puse a cada uno en el sombrero con cinta de dos colores que distinguen nuestra Bandera, se dio a reconocer el comandante”. Por si no alcanza el testimonio propio, diremos que hubo un inglés prestigioso que llegó a las islas en 1833. En marzo de ese año, Charles Darwin, autor de El origen de las especies, escribió desde Malvinas: “Hacia miles de años que estas islas estaban deshabitadas, hasta que el gobierno de Buenos Aires tomó posesión de ellas y envió colonos. El mes pasado el HMS Clío llegó para anexarlas en nombre de los británicos… los pobladores huyeron hacia el interior, asustados por la violencia…”. 

Fue allí donde Darwin apreció “la destreza de aquellos gauchos”, los resistentes que aún quedaban en pie y comió con ellos “un verdadero manjar: el asado con cuero”. ¿De dónde vienen sino esas voces castellanas que se escuchan aun hoy en las Malvinas? Alexander Betts, un argentino que nació y vivió en las islas, relata en su libro La verdad sobre las Malvinas. 

Mi tierra natal: “Todo el mundo en las islas sabe de lo que se está hablando cuando se dice alazán, zaino, malacara, manchau, rosillo o moro picaso… bozal, cabestro, soga-cincha, maneas, tientos y pretal… es el legado de los gauchos que anduvieron por allí. Hay nombres castellanos como Rincón Grande, Bombilla, Cantera, Horqueta, Dos Lomas, estancia, cerritos… y hay una marca más de la influencia gaucha: el vocablo che”. El imperio colonial del Reino Unido expulsó a los argentinos en 1833. Pero quedaron aquellas palabras como si fueran combustible de un faro que sigue echando luz para que nadie se pierda.

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martes, 13 de enero de 2015

Lo que se juega en Malvinas

El agotamiento de las reservas petroleras del Mar del Norte. La presión del lobby militar inglés para no reducir el gasto de defensa. El anillo estratégico de bases militares repartidas por el Atlántico Sur. El puente aéreo a la Antártida.

Demián Verduga

Uno: la producción de petróleo del Mar del Norte, principal fuente de crudo del Reino Unido, cae de modo sostenido desde hace 12 años. Inglaterra está produciendo al límite de lo que consume y necesita buscar nuevas fuentes de hidrocarburos, entre ellas, los potenciales yacimientos de las Islas Malvinas.

Dos: la ubicación de las Islas las vuelve un aeropuerto ideal para la futura explotación de los recursos naturales de la Antártida, hoy protegidos parcialmente por el Tratado Antártico y por los costos de perforar el hielo.

Tres: Malvinas cierra un anillo de bases militares y posiciones estratégicas que los ingleses tienen distribuidas por el Océano Atlántico. Empiezan en la latitud del cuerno de áfrica y llegan hasta la isla Diego García, en el Océano Índico.

Cuatro: En la puja que mantienen distintos sectores de poder en Inglaterra para no verse afectados por los recortes del gasto público, el lobby militar agita la tensión en Malvinas para justificar la imposibilidad de reducir los gastos de defensa. Éstos son algunos de los puntos que mencionó un alto funcionario del Gobierno nacional, que pidió un estrictísimo off the record, al analizar los motivos por los que Inglaterra pretende conservar su enclave colonial en el Atlántico Sur.

Una sed incontrolable

Los números que se darán a continuación se pueden buscar en la página web de la Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA, según sus siglas en inglés). Se trata de un relevamiento con estimaciones de la producción de petróleo en distintos países.

Los números coinciden con otras mediciones. Aquí nos centraremos en las cifras del Reino Unido. En el año 2003, la producción de Gran Bretaña rondaba los 2,5 millones de barriles al día; en el 2007 había bajado a 2 millones; en el 2009 se ubicó en 1,6 y en el 2011 cayó aproximadamente a 1,5. La demanda de crudo inglesa es en promedio de 1,6 millones de barriles diarios, es decir que la producción está al límite, obligando en algunos meses a Inglaterra a volverse importador neto.

Uno de los orígenes centrales de esta caída, que en parte explica el apetito inglés por conservar el enclave colonial en Islas Malvinas, es el agotamiento de los yacimientos del Mar del Norte. Este mar de 750 mil kilómetros cuadrados está ubicado al este de Inglaterra y sus aguas también llegan a las costas de Noruega, Francia, Alemania y Los Países Bajos.

En 1965 la plataforma Sea Gem, operada por British Petroleum (BP), realizó la primera perforación submarina exitosa en estas aguas.
La búsqueda se había iniciado para intentar aminorar la demanda de hidrocarburos de los países agrupados en la Opep, que se habían organizado en 1960.

El pico de producción de los yacimientos del Mar del Norte fue en 1999, cuando en toda el área llegaron a extraerse seis millones de barriles diarios. Desde entonces, la capacidad de los yacimientos no ha parado de caer, en particular los de la zona que explotan los británicos.

 Este descenso fue reconocido por el Reino Unido en el año 2009. La fecha no es un dato menor, ya que ese mismo año Inglaterra decidió comenzar la exploración petrolera en Malvinas.

El reconocimiento se produjo en una reunión de empresarios petroleros, a mediados de junio del 2009. Bernard Looney, jefe de explotación en el Mar del Norte de British Petroleum, declaró durante ese encuentro: “Invertir en el futuro no es fácil en el contexto actual. Nuestros sondeos muestran que la producción británica cayó 38% entre el 2000 y el 2008”. Seis meses después de que Looney hiciera estas declaraciones, la plataforma semi-submarina Ocean Guardian inició su viaje de 69 días por el mar hacia Malvinas.

El 10 de febrero del 2010 comenzó la exploración petrolera en el archipiélago. A fines del año pasado, la empresa británica Rockhopper anunció que había encontrado un yacimiento estimado en 700 millones de barriles de petróleo al norte de las Islas. Esta cifra equivale al 30% del total de las reservas con las que cuenta hoy Argentina.

Un anillo en el Atlántico. 

El lector puede tomar un mapa del mundo para visualizar el triángulo estratégico que conforman las posiciones británicas repartidas por el Atlántico, si se suman las islas de Ascensión, Santa Elena, Tristán Acuña y Malvinas.

Ascensión está ubicada en el centro del océano, a mitad de camino entre América del Sur y África. Está en la misma latitud que Recife, si se mira el lado americano del mapa, o en la del norte de Angola, si se mira el africano.

La isla fue descubierta por Portugal en el siglo XVI y tomada por los ingleses durante el apogeo de su imperio en el siglo XIX. Fue utilizada durante la guerra de Malvinas. De allí despegaban los bombarderos Vulcán, que atacaban posiciones argentinas.

A 1.300 kilómetros hacia el sur de Ascensión aparece Santa Elena. También fue descubierta por los portugueses y luego tomada por los ingleses. Allí vivió Napoleón Bonaparte sus últimos seis años de vida, luego de perder la batalla de Waterloo contra la alianza de tropas inglesas, holandesas y alemanas.
Esta semana, 191 años después de la muerte de Napoleón, trascendió que Inglaterra planea retomar el proyecto de construcción de un aeropuerto en Santa Elena. El costo de la obra será de 240 millones de euros.

La idea había sido abandonada por la crisis financiera que sacude a toda Europa, pero se reavivó. El objetivo será construir un puente aéreo con Malvinas, como respuesta a los logros diplomáticos argentinos y por “temor” a que el bloqueo aéreo que hoy practica Argentinas se extienda a todos los países del Mercosur. Si el lector sigue bajando la vista en el mapa se encontrará con el grupo de islas llamadas Tristán de Acuña, también bajo dominio inglés.

Están a 2.173 kilómetros de Santa Elena. Su latitud está al sur del punto más austral de Sudáfrica. En todas estas islas, en mayor o menor medida, hay presencia militar británica. Si se sigue la línea por el mapa, la base instalada en Malvinas cierra este anillo de control del alta mar del Atlántico Sur. “Es un posicionamiento geoestratégico y geomilitar que además implica la posibilidad de explotación de los recursos naturales en el fondo del mar y en las aguas territoriales de estas islas”, señaló un alto funcionario del Gobierno nacional.

También por su ubicación geográfica, Malvinas es un puente aéreo ideal para la Antártida, más allá de que todavía las riquezas naturales del continente blanco no se hayan comenzado a explorar por el grosor del hielo y la protección del Tratado Antártico.

Hay un dato de la Historia que tiene que ver con la Antártida. Muestra la importancia de que Argentina haya logrado el apoyo del Mercosur para que los barcos con bandera de las Falklands(Malvinas) no puedan atracar en los puertos.

En 1955, el Reino Unido demandó a la Argentina y Chile ante la Corte Internacional de Justicia, un órgano de la ONU, reclamando mayor espacio territorial en la Antártida. El fundamento para esta demanda era que Inglaterra reclamaba para sí la porción que le correspondería a las Malvinas. Los ingleses perdieron esta disputa diplomática, pero cualquier antecedente de legitimidad de las Falklands(Malvinas) podría servir para reavivarla.

El lobby militar inglés

Se ha sostenido en estos días, con razón, que el gobierno británico agita la tensión con Malvinas para tapar los conflictos sociales generados por la crisis financiera y el ajuste del gasto público. Este plan de recortes genera una puja entre distintos sectores de poder, entre ellos está el lobby militar inglés que busca que el gasto de defensa no se reduzca. Y nada mejor que generar una tensión bélica para justificar la imposibilidad de bajar el gasto militar, que en Inglaterra ronda los 65 mil millones de dólares anuales, según el Instituto de Estudios para la Paz de Estocolmo.

Esta disputa del lobby militar tuvo un punto álgido a fines del año 2010, cuando el primer ministro británico James Cameron anunció un recorte del ocho por ciento en el presupuesto de defensa. La reacción del lobby militar llegó el 10 de noviembre de ese año. Varios ex militares publicaron una carta dirigida al primer ministro en el diario The Times. Allí criticaban la decisión de Cameron y –esto es clave– ponían como centro de sus cuestionamientos la situación de Malvinas. “Respecto de las nuevamente valiosas Malvinas y sus yacimientos de petróleo –decía la carta–, estos recortes de propuesto para los próximos diez años dejan a la Argentina prácticamente invitada a imponernos una humillación nacional similar a la pérdida de Singapur”.(Los británicos perdieron el dominio de Singapur durante la segunda guerra mundial a manos de los japoneses. Habían puesto todas sus tropas para defenderse de un ataque por mar y los japoneses entraron por tierra). Volviendo a Malvinas, la tensión agitada por el gobierno inglés genera la excusa para atender la demanda del lobby militar.

La estrategia Argentina, por otra parte, no pasa por entrar por mar ni por aire sino por un lugar más sofisticado, la acumulación de presión política y diplomática. Algo que arrojó frutos las últimas semanas. El ex canciller Jorge Taina definió la estrategia así: “Se trata de seguir generando una situación en la que llegue un punto en el que el costo político de no sentarse negociar con Argentina sea mayor que el de sentarse”.

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lunes, 12 de enero de 2015

La colocación de un busto de Thatcher en Malvinas es una provocación


El titular de la Comisión Nacional de Ex Combatientes de Malvinas, Ernesto Alonso, consideró hoy una “provocación” y también un signo de "debilidad" el emplazamiento de un busto de bronce con la imagen de la ex primer ministro británica Margaret Thatcher en Puerto Argentino.


“Es una provocación, no sólo a la Argentina, sino a la región, y a la paz. Colocar un busto de un personaje nefasto, incluso para su pueblo, como lo es Margaret Thatcher, es una provocación, porque representa lo peor de la política que es el neocolonialismo, el hostigamiento a través de la ocupación militar y el neoliberalismo”, dijo a Télam Alonso.

No obstante, interpretó esta acción como una muestra de “debilidad” de parte del gobierno del Reino Unido, ya que sólo pueden lograr su cometido a través de la “imposición”, y además consideró que la decisión del primer ministro británico David Cameron de homenajear nuevamente en Malvinas a Thatcher “refleja la continuidad del colonialismo” y de la decisión del gobierno del Reino Unido de “no respetar las resoluciones de las Naciones Unidas (ONU)”.

En cuanto a la población de Malvinas, cuya voz nunca se alzó contra estas acciones, el ex combatiente explicó que los pobladores de las islas “son implantados”, con un “total control de la política migratoria”, y recordó que el último censo mostró “que una pequeña minoría son nacidos en Malvinas, mientras que el resto son parte de una inmigración planificada, para cumplir una función específica que tiene que ver con la explotación de recursos naturales y de hidrocarburos”.

Alonso señaló también que Malvinas “es una causa regional”, tal como lo han expresado todos los países de la región a través de sus apoyos, que -consideró- “no soportan más la actitud de Gran Bretaña y el resto de los miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas”.

Dijo también que “para los británicos las Islas Malvinas representan la puerta de entrada a la Antártida“, mientras que para la Argentina y la región, significan “el futuro”.

El busto, que se emplazó sobre un alto pedestal de piedra en Puerto Argentino, la capital isleña, pesa 27 kilos y está hecho con base de arcilla y cubierto con bronce, obra del escultor Steve Massam en base a una foto de tomada a la llamada “Dama de Hierro” durante su visita a las Malvinas en 1983, por primera vez después de la guerra.

El busto fue pedido y pagado por los Kelpers, y fue emplazado en la calle Thatcher Drive, frente al edificio del Secretariado kelper, replica también una frase de Thatcher, pronunciada el 3 de abril de 1982, un día después del desembarco argentino en las islas: “Ellos son pocos en número, pero tienen el derecho a vivir en paz, a elegir su propia forma de vida y determinar su propia lealtad".

Con esa frase, la "Dama de Hierro" interpretó el "derecho a la autodeterminación de los pueblos" que el Reino Unido alegó para defender sus intereses en las islas, pero negó en otros conflictos territoriales.
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