martes, 7 de abril de 2015

Malvinas: los consejeros de Thatcher que no querían guerra

Malvinas: los consejeros de Thatcher que no querían guerra

Documentos que revelan que muchos de los principales dirigentes británicos dudaban sobre declarar la guerra de las Malvinas en 1982.

Al comenzar la crisis de Malvinas en 1982, varios de los principales dirigentes británicos se mostraron inicialmente escépticos sobre la conveniencia de ir a la guerra por el archipiélago

Poco después del desembarco argentino en las islas, una nota de la oficina del coordinador de la bancada parlamentaria del gobernante Partido Conservador revelaba un sólido apoyo a la acción militar de algunos parlamentarios conservadores, pero la privada hostilidad de otros.

Documentos publicados por el Churchill College de la universidad de Cambridge. Ahí muestran por primera vez cuán profundamente dividido estaba el partido sobre las Malvinas.

Un parlamentario conservador ha sido citado diciendo que estaban “cometiendo un gran error que va a hacer que Suez se vea como algo de sentido común”, refiriéndose a la fracasada intervención militar británica en el canal de Suez en 1956.


Otro parlamentario sugería dejar que Argentina se quedara con las Malvinas con el menor alboroto posible.

Otros informes expresaban su esperanza de que “nadie piense que vamos a luchar contra los argentinos. Debemos volar algunos barcos, pero más nada”.


El archivo es la colección personal de lo que Thatcher pensaba que valía la pena conservar e incluye artefactos, así como documentos y papeles.

Entre otras nuevas revelaciones sobre la crisis de las Malvinas están las notas escritas a mano de Thatcher (incluidos numerosos tachones) de su histórico discurso ante la Cámara de los Comunes, el 3 de abril de 1982, donde tuvo que explicar a los parlamentarios cómo se permitió que sucediera el desembarco argentino.


Bajo fuego

En una copia del diario británico Daily Mail, que data de poco después de que estallara la crisis, dice en su titular si “ella tenía el estómago para eso”.

Como la primera mujer en ocupar el cargo de primera ministra del Reino Unido, dijo Parkinson (que fue miembro de su gabinete de guerra), ella sabría que la gente estaba observando cómo asumía el reto de llevar al país a la guerra.

Otros documentos personales publicados ofrecen interesantes datos nuevos sobre su estado de ánimo en ese momento.

Las notas sobre la vida en el número 10 (el lugar donde viven los primeros ministros británicos) mostraron que gran parte de su día -y noches- estuvo dedicada a la guerra. Una entrada en el diario de uno de sus asesores más cercanos, Alan Walters, reveló que ella se despertaba a las 3:30 am, al parecer esperando los informes del frente de guerra.

En una copia de una nota de agradecimiento que Thatcher envió a uno de sus votantes a finales de abril confiesa: “Me fui sabiendo que teníamos un día tenso por delante. La llamada de teléfono durante el desayuno informó que la pista de aterrizaje de Puerto Stanley había sido bombardeada con éxito por los aviones Vulcans. Durante la última semana ha habido una actividad y tensión que nunca pensé vivir “.


Pero Thatcher termina la carta con su fortaleza típica y agrega: “Esto ha ocurrido a lo largo de la historia y nos toca a nosotros hacer nuestra contribución a la historia bajo la ley”.

La dama de hierro

Pero también hay mucho de la famosa determinación férrea de Thatcher que queda reflejada en los documentos. Un borrador de una carta al entonces presidente estadounidense, Ronald Reagan, muestra el enfoque implacable con el que solía rechazar los intentos de Estados Unidos de llegar a un acuerdo de paz.
El manuscrito inicial revela un rechazo a acceder e incluso una pizca de indignación: “A lo largo de mi administración he tratado de permanecer leal a Estados Unidos como nuestro gran aliado”, escribió.

“En su mensaje dice que sus sugerencias son fieles a los principios básicos que debemos proteger. Me gustaría que fuera así, pero por desgracia no lo es”.


Ese borrador nunca se envió. Sus ministros le convencieron de bajar el tono. Los pasajes estridentes fueron reemplazados con un lenguaje más diplomático.


Sufrimiento en privado

A medida que la lucha por recuperar las islas se hizo más cruenta, comenzaron a llegar sombríos informes de barcos que eran atacados y las inevitables bajas. El archivo incluye las notas manuscritas de los funcionarios gubernamentales que le pasaban con malas noticias.

Al parecer, algunas veces Thatcher no pudo controlar su sufrimiento. Su exayudante Thomas Harvey recuerda que rompió en llanto detrás del escenario de un evento en su distrto electoral al recibir la noticia de que el buque británico Sheffield había sido hundido con un misil Exocet. Le tomó 40 minutos calmarse.

“Ella había recibido la noticia justo antes de llegar o cuando llegó,” “Estaba profundamente triste por haber enviado a soldados británicos a su muerte y lloraba en silencio.

 Entonces alguien entró a la habitación y dijo: ‘Tenemos que salir’.

BBC

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