jueves, 16 de julio de 2015

El conflicto armado en Malvinas fue creado por los británicos


El comunicado británico, el lobby y la creación del conflicto

Las perspectivas de una solución pacífica del incidente bien pronto quedaron superadas. El Foreign Office dio a publicidad el 22 al mediodía el anunciado comunicado.

El 18 de marzo, el ARA Bahía Buen Suceso transportó a la isla San Pedro (Georgias del Sur) al personal del comerciante argentino de chatarra Constantino S. Davidoff, para desmantelar una estación ballenera situada en Puerto Leith.

El encabezado del comunicado decía así: “Falkland Islands. Desembarco ilegal argentino en las Georgias del Sur.” Luego señalaba que el comandante de la BAS en Georgias había reportado que el 19 de marzo un grupo comercial argentino había desembarcado de un buque de Transportes Navales y establecido un campamento en Puerto Leith, sin la debida autorización británica. Se había izado una bandera argentina, habiendo sido requerido por el BAS que se debía abandonar de inmediato el lugar y obtener los permisos correspondientes (1).

Costa Méndez explica en su libro citado que “deliberadamente o no, es difícil saberlo, el encabezamiento [del comunicado] era ambiguo y equívoco. En todo caso sus términos no eran los anticipados por el Foreign Office y no parecían tener el propósito de apaciguar los ánimos. El contenido del comunicado, es cierto, era más preciso y veraz que su encabezamiento; no obstante, no aclaraba algunos aspectos del incidente y subrayaba que el buque pertenecía a la Marina Argentina.” Entonces, vino la reacción buscada, no por el gobierno británico, sino por el grupo de presión de la BAS-Royal Navy-Falkland Islands Company.

Por la tarde, el diario The Standard anunciaba en sus titulares: “Invasores desembarcan en las Malvinas”. Era la consecuencia inmediata y necesaria de los términos en que estaba redactado el comunicado británico. El fósforo que habría de encender el reguero de pólvora había sido prendido. A propósito, vale recordar el Libro Blanco de mediados de 1981 y los ajustes en ciernes sobre la flota de superficie y anfibia de la Royal Navy.

La visita Davidoff podría ser una excusa perfecta, pero sólo si se lograba elevarla a nivel “incidente”. Peter Calvert, en su libro Falklands Crisis. The Rights and The Wrongs señala que “el HMS Invincible de 19.500 toneladas se iba a vender a Australia.

Los buques de asalto como el HMS Fearless de 12 mil toneladas quedaría en desuso. […] Entonces vino la comparecencia de Luce en el Parlamento, el 23 de marzo, explicando los detalles del desembarco de los trabajadores chatarreros en Georgias del Sur. Si la crisis estallaba algunos meses después, la respuesta británica hubiese sido totalmente diferente, y los resultados también. ¿Se estaba usando la cuestión de las Georgias para adelantar la opción militar de la Junta que los servicios de inteligencia británicos habían detectado entre enero y marzo de 1982?

(1) (Rubén Moro. La Trampa. Págs. 112 y 113)

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