miércoles, 2 de abril de 2014

Operación Rosario : La recuperación argentina de las Islas Malvinas


Operación Rosario : La recuperación argentina de las Islas Malvinas

La Operación Rosario, como finalmente se denominó al desembarco argentino para la recuperación de las Malvinas, involucró a gran parte de la Armada. Se formaron tres grupos diferentes, el primero incluía las unidades de transporte; buque de desembarco de carros Q-42 ARA Cabo San Antonio, rompehielos antártico Q-5 ARA Almirante Irízar y el transporte Isla de los Estados.

Junto a estos buques navegarían los destructores D-1 ARA Hércules y D-2 ARA Santísima Trinidad, las corbetas P-1 ARA Drummond y P-3 ARA Granville y el submarino S-12 ARA Santa Fe. Dando cobertura a estas unidades de intervención se encontraban el portaaviones ARA 25 de Mayo, los destructores D-27 ARA Comodoro Py, D-26 ARA Bouchard y D-29 ARA Piedra Buena y el petrolero B-18 ARA Punta Médanos.

A las 21 horas del 1 de abril de 1982, 84 comandos anfibios y buzos tácticos de la Armada Argentina bajo el mando del Capitán de Corbeta Guillermo Sánchez-Sabarots abandonan el destructor ARA Santísima Trinidad y desembarcan en Mullet Creek. A la 1:30 horas del 2 de abril, un Grupo de Buzos Tácticos procedentes del submarino ARA Santa Fe realizó la inspección de la playa señalada para el desembarco. Luego una vez designada la costa por los buzos tácticos el segundo Batallón de la Infantería de Marina de la Armada (IMARA), a bordo de sus vehículos anfibios acorazados, comenzó el desembarco en la playa denominada Yorke Oeste.

A su vez, una unidad de comandos anfibios en botes de asalto desembarcó desde el destructor ARA Santísima Trinidad en Puerto Enriqueta, en las inmediaciones de la capital. En el último momento hubo un repentino cambio de planes al encontrar posiciones defensivas en la zona próxima al aeropuerto que hubieran complicado la operación.

Contraalte Carlos Büsser
El recordado contraalmirante Carlos Büsser recuerda como fue el desembarco, "En las operaciones anfibias, el día comienza en las últimas horas de la noche, cuando los hombres se preparan para entrar en combate, desayunan, toman su armamento y se dirigen a los lugares de embarco", señaló el contraalmirante, refiriéndose al 1 de abril de 1982, a pocas horas de producirse el asalto contra la capital del archipiélago Puerto Argentino.Los infantes de marina a su cargo -y otros efectivos del ejército y la armada- habían llegado a la costa de las islas en dos buques de desembarco: el Cabo San Antonio y el Santísima Trinidad.

Además participaron el rompehielos Almirante Irizar y el submarino Sante Fe. En total había decenas de vehículos armados y cientos de efectivos, incluyendo unos 80 miembros de las fuerzas especiales. "Durante la travesía hacia las islas nos acompañó un fuerte temporal, casi hasta el momento de llegar", recuerda Büsser.

"La masa de tropas en el buque de desembarco de tanques del ARA Cabo San Antonio tenía experiencia en ejercicios anfibios anteriores, de modo que su adaptación a las malas condiciones del mar fue buena (...) En las horas previas a la operación todos se veían muy tranquilos, concentrados en preparar el armamento y los jefes de fracciones enfocados en sus planes y estudio de los objetivos".Tras haber preparado la maniobra numerosas veces con anterioridad, ya se sabía que una vez que se diese la orden de embarco el personal sólo tardaría 18 minutos en estar listos para desembarcar. Y así fue en la mañana del 2 de abril.

Marcación de las playas de los buzos tácticos

Buzos tácticos de la Armada Argentina
La punta de lanza de la operación fueron ocho buzos tácticos que salieron aproximadamente a las 04:00  horas del 2 de abril del submarino Santa Fe, comandado por el capitán Horacio Bicaín. "Ellos tenían que marcar la playa para el desembarco de las tropas y vehículos"."Nosotros habíamos llegado a las aguas de las islas el 30 de marzo, porque inicialmente la operación estaba prevista para el 1 de abril. Pero las malas condiciones meteorológicas pospusieron todo 24 horas", recuerda Bicaín.La operación de toma dividía a las fuerzas argentinas en dos. La primera, que consistía de tropas y vehículos armados llegaría por el norte a Puerto Argentino."Al llegar a tierra se adoptó un dispositivo de seguridad, ya que el enemigo que esperábamos en la playa no daba señales de presencia.

Los hombres de Sánchez-Sabarots se dividen en dos grupos. El primero, comandado por él mismo, se dirige a los barracones de la infantería de marina británica en Moody Brook para atacarlos. El segundo, bajo el mando del Capitán de Corbeta Pedro Giachino, avanza hacia Puerto Argentino con objeto de tomar las oficinas del Gobernador colonial Rex Hunt y capturarlo.

Mapa del ataque argentino a las zonas enemigas en y en torno a Puerto Argentino, 2 de abril de 1982
Los comandos anfibios tomaron el cuartel de los Royal Marines situado en Moody Brook, que se encontraba vacío, pues los 67 Royal Marines se habían desplegado por la costa en un intento de frenar el desembarco argentino. Por su parte el Batallón de Infantería de Marina iba tomando sus objetivos progresivamente después de desembarcar, a petición de los mandos de la IMARA, en un lugar distinto al previsto, más favorable después de haber desaparecido el factor sorpresa.

El equipo de Sanchez Sabarots llegó a Moody Brook y confirmó que estaba desocupado. Poco después, comenzaron los disparos en Puerto Argentino: eran Giachino y sus hombres que rodeaban la casa del gobernador.

Los británicos, sobre aviso, han evacuado los barracones y están desplegados en posiciones de combate para defender la localidad.

El contraalmirante Büsser cuenta que cuando estában por ingresar a Puerto Argentino recibieron fuego. La vanguardia desembarcó de sus vehículos y rechazó el ataque obligando a los soldados británicos a retirarse", afirma Büsser. Pero simultáneamente hubo un pequeño grupo de fuerzas especiales que trataba de lograr un objetivo crucial: tomar la casa del gobernador y lograr la rendición.

Los constantes cambios de posición de los comandos y el uso de granadas de aturdimiento hacen creer a los defensores que están bajo el ataque de una fuerza numéricamente muy superior a la real, lo cual resultará decisivo para obtener su rendición.

Tte. cnel Seineldín arriba de un anfibio
A las 06:30 horas, se inicia la operación anfibia. Siete minutos después, los primeros 5 vehículos -en los cuales se transportaba la 3ra Sección de la Compañía C del Regimiento de Infantería 25 (3/C/25) a cargo del Subteniente Reyes y el Teniente Coronel Seineldín a la cabeza- alcanzan la playa en la costa Norte de la península del aeropuerto, sin encontrar resistencia. Los vehículos despliegan rápidamente para abrir el fuego, en caso necesario. Mientras tanto, los infantes de la 3/C/25 se lanzan a la carrera hacia las alturas que dominan el aeropuerto desde el sector Sureste.

El aeropuerto se encontraba aproximadamente a 1500 metros de ese lugar. Teniendo siempre presente la consigna y orden referidas a no matar, ni tampoco usar la violencia, esta sección se desplaza hacia el objetivo con mucho ímpetu.

A las 06:15 horas del mismo día, despega, desde Comodoro Rivadavia, el primer avión que encabeza el Escalón aéreo con efectivos del R I 25. Durante esa mañana y a través de varios vuelos, se completaron los efectivos ya que una vez conquistado el objetivo, el Regimiento quedaría a cargo de la seguridad de Puerto Argentino.

Tte cnel Seineldin habla con contraalte.Büsser
A las 07:30 horas el Jefe del R I 25 informa que ha logrado capturar el aeropuerto y que ha preparado el mismo para el desembarque de los escalones aéreos. Prácticamente no ha tenido oposición, pues los efectivos que protegían el sector se han replegado hacia la población, luego de ofrecer una débil resistencia. La tarea más complicada, como era la de despejar la pista -ocupada por aproximadamente 25 vehículos de distintos tipo (Camiones livianos y tractores)- se ha cumplido con esfuerzo, pero dentro del horario previsto. Una vez finalizada la limpieza de la pista, la sección se encarga de la seguridad de la misma, para permitir el desembarco, por modo aéreo, del resto del Regimiento.

Durante esta actividad, el Jefe del R I 25, el Jefe de la 1/CC25 y un grupo de 10 soldados se trasladan en un vehículo anfibio a Puerto Argentino, para reforzar a la vanguardia que se encontraba empeñada en combate con efectivos británicos. En su avance, la 3/C/25 captura 2 prisioneros, y cuando arriba a la residencia del gobernador -zona donde se encontraba la acción- la misma ya estaba cercada y el enemigo acorralado.

La Rendición

"La gran dificultad era que, según nuestra inteligencia, los británicos no se iban a rendir sin haber sufrido o habernos causado bajas, por lo que la única solución era lograr que se rindieran antes de que comenzara o se generalizara el combate", recuerda Büsser.

"Por eso ordené que el grupo del Capitán (Pedro) Giachino presionara al señor (Rex) Hunt (gobernador ilegal británico colonial de las islas) con el objeto de quebrar su voluntad y lograr una rápida rendición", apunta. ¿Pero cómo se quiebra la voluntad de una personas en esas condiciones? "Giachino y sus hombres cumplieron acabadamente esa exigencia. Hicieron fuego nutrido sobre la parte superior de las ventanas de la casa de Hunt, y en particular sobre el despacho donde estaba el mismo Hunt, obligándolo a tirarse debajo del escritorio", explica el contraalmirante Büsser. "Por esa razón, cuando llegué al despacho de Hunt, ya estaba decidido a rendirse y a mí me quedó sólo presionarlo un poco para que lo hiciera", añade Büsser. Diversas fuentes históricas sobre este hecho coinciden que fue a las ocho de la mañana del 2 de abril de 1982 cuando se dio la rendición británica y la fuerza militar argentina asumió el control. Es decir, unas cuatro horas después del primer desembarco.

Giachino y otros dos efectivos argentinos estaban heridos cuando terminó el asalto.

El heroico Capitán de Fragata Pedro E. Giachino

Cap. de Fragata Pedro Edgardo Giachino
Para las operaciones de recuperación de nuestras Islas Malvinas, Giachino fue Jefe de una patrulla de Comandos Anfibios y Buzos Tácticos que desembarcó el 1 de abril de 1982 durante la noche, en una playa al Sur de Puerto Argentino. Su misión era lograr la rendición del Gobernador británico antes de que el grueso de las tropas argentinas irrumpiera en la localidad. Con ello Giachino debía evitar un sangriento e inútil combate en plena planta urbana.

La patrulla desembarcó desde el Destructor ARA "Santísima Trinidad", logrando llegar a las playas en botes de goma; las fuerzas enemigas de la zona no advirtieron el desembarco nocturno de los hombres de Giachino.

A las seis de la mañana del 2 de abril de 1982, Giachino rodeó con sus hombres la casa del Gobernador británico y le intimó rendición; los británicos, sorprendidos, abrieron fuego sobre la patrulla. Tal como prescribían las órdenes recibidas, Giachino procedió sin provocar bajas ni daños al oponente; sin duda, estas órdenes son las más difíciles que pueda recibir un militar, pero Giachino estuvo a la altura de las circunstancias.
Repite varias veces su intimación; los británicos redoblaron sus disparos sin dar indicación de tregua alguna.

Treinta minutos después, la primera ola de asalto de la Fuerza de Desembarco Argentina toca tierra en las playas distantes unos siete kilómetros de donde Giachino estaba tratando de lograr la rendición del Gobernador. La recuperación de las Islas se estaba consumando. Pocos minutos después, los vehículos anfibios blindados de la Infantería de Marina Argentina rodaban hacia Puerto Argentino, mientras naves de la Flota de Mar hacían ver sus siluetas en la bahía.

Si las tropas argentinas entraban a la localidad, se iniciaría el combate con los británicos en el mismo pueblo, circunstancia que debía evitarse a toda costa. Giachino supo que debía actuar para impedirlo, de acuerdo con sus órdenes. En su condición de Jefe, tornó la decisión más importante de su vida. En la evidencia de la inutilidad de lograr la rendición británica, avanzó solo hacia el interior de la casa del Gobernador, derribó una puerta. Una ametralladora enemiga le hizo fuego a quemarropa, cayó hacia atrás. Gritó a sus hombres que se cubrieran.

Su segundo (Teniente de Fragata Diego García Quiroga) quiso sacarlo de la línea de fuego, recibiendo a su vez una descarga que lo hirió gravemente. El cabo enfermero Urbina intentó rescatar a sus dos jefes, siendo también herido; aun así, logró dar los primeros auxilios a los oficiales y a sí mismo.

El infame Rex Hunt se rinde ante las fzas argentinas
Tras varias negativas del gobernador británico Rex Hunt de abandonar el lugar y luego de varias ráfagas de ametralladora de los marinos argentinos, el británico aceptó hablar con el jefe de las fuerzas argentinas, el contraalmirante Carlos Busser.

Hunt se negó a darle la mano a Busser y le preguntó por qué tomaban las islas, el militar argentino respondió: "desembarcamos en la misma forma en que ustedes lo hicieron en 1833, y mis órdenes son desalojarlo a usted y a las tropas británicas para restituir el territorio a la soberanía argentina".

El gobernador británico ordenaba la rendición de las tropas inglesas, eran las 9.15 del 2 de abril de 1982.

Estación de policia de los kelpers inspeccionada
La misión del Capitán Giachino se había cumplido: el Gobernador se rindió antes de que las tropas argentinas hicieran su entrada a Puerto Argentino. El precio fue la vida de nuestro héroe, quien muere minutos después a causa de las severísimas heridas recibidas.
Ascendido "Post Mortem" al grado de Capitán de Fragata de Infantería de Marina. Sus restos descansan en Mar del Plata, donde reside su familia. Fue condecorado "Post Mortem" con la máxima distinción que otorga la Nación Argentina: "La Cruz al heroico valor en combate".

Giachino, se convirtió en la única baja de la operación."Ellos estuvieron en esa situación por cumplir mis órdenes (...) la imagen de esos tres heridos me acompañará por siempre", afirma Büsser.

La Armada Argentina reconoce en el Capitán Giachino al arquetipo del jefe, que lidera a sus hombres en combate asumiendo personalmente los riesgos mayores y que, ante órdenes recibidas, las ejecuta puntillosamente, aun a costa de su propia vida. No delegó en sus subordinados la tarea más peligrosa. La tomó para sí, lo que es privilegio de los grandes.

El comando anfibio cabo Jacinto Batista toma prisioneres británicos en Malvinas 2 de abril de 1982
A primera hora de la mañana, todos los objetivos habían sido capturados de forma rápida y sincronizada según lo establecido, sin apenas resistencia y sin haber causado bajas en la población civil.

Pañuelos blancos

A los isleños se les dio la instrucción de mantenerse dentro de sus hogares y en caso de necesitar comunicarse con un efectivo argentino debían poner un trapo blanco en la puerta."La señora operadora de la central telefónica colocó el mencionado trapo para informar que tenía que cumplir un turno a las doce horas. Un soldado la acompañó a la oficina respectiva donde llegó puntualmente a horario", asegura Büsser.


Las tropas del contraalmirante tenían la misión de tomar las islas y de regresar al continente lo más pronto posible. Efectivos del ejército -principalmente conscriptos- serían los que quedarían en las islas."Algunas de las tropas de desembarco durmieron esa misma noche (del 2 de abril) en Mar del Plata. El último soldado se replegó en avión antes del mediodía del 3 de abril", afirma el contraalmirante Büsser.

Anfibios de la Armada Argentina recorren Puerto Argentino

La hora del té

Durante la operación de retorno al continente, Büsser recuerda que se dio un episodio sorprendente.

"Recibí por radio un pedido desde uno de los vehículos informándome que habían sido invitados a entrar a una casa para tomar una taza de té. Contesté negativamente".

"Al poco rato salió una señora con una gran bandeja que invitó a las tripulaciones que estaban en los vehículos a tomar el té ofrecido. Creo que esta conducta de buena relación recíproca era el resultado del comportamiento respetuoso de mis hombres", aseveró Büsser.

El contraalmirante Büsser hablando con su personal el 2 de abril de 1982
Al consolidarse la presencia del ejército argentino en las islas, surgieron posteriormente quejas y reclamos de los isleños por presuntos maltratos, o por sencillamente la molestia de estar bajo las órdenes de un contingente militar de ocupación

"Creo que la decisión de recuperar Malvinas y las Georgias fue correctamente adoptada por el gobierno argentino. Si con posterioridad cometimos errores de ejecución y se perdió el enfrentamiento militar ello no le quita valor al mensaje que para siempre envió Argentina al gobierno británico, sobre nuestra determinación de recuperar las islas", afirmó el recordado contraalmirante Büsser.

La "Operación Rosario" había terminado en una victoria y las islas Malvinas volvían a la soberanía argentina luego de 150 años de usurpación.





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