martes, 13 de junio de 2017

Guerra de Malvinas : La batalla de Monte Tumbledown


La batalla de Monte Tumbledown (Destartalado)

El 13 de junio, la lucha no era ni naval ni aérea: era por tierra. El 2do Batallón de Guardias Escoceses asumió la misión de tomar el monte Tumbledown junto al Primer Batallón de Fusileros “Gurkas” que no participó del combate ya que rodeó el monte en dirección a Sapper Hill, como parte de su estrategia de rodear y capturar las alturas que circundaban Puerto Argentino para obligar la capitulación.

En la noche del 13, los escoceses lanzaron el ataque sobre Tumbledown, donde se toparon con una resistencia feroz y violentísima del Batallón de Infantería de Marina 5 (BIM 5) conformado en un setenta y cinco por ciento por conscriptos. En total, eran 800 marinos y 200 del Ejército, entre estos últimos había hombres de los regimientos de Infantería 4 y Mecanizado 7, y de la Compañía de Ingenieros Mecanizada 10 que se habían replegado junto a los del Regimiento de Infantería Mecanizado 6 desde el monte “Dos Hermanas”.


A la Sección “B” del RI Mec 6, al mando del subteniente La Madrid, se le ordenó acudir en apoyo, mediante un contraataque, para descomprimir a las tropas de la Infantería de Marina que defendieron las alturas de Tumbledown y rechazaron con fiereza los incesantes asaltos de la Guardia Escocesa durante toda la noche hasta los principios del 14 de junio. Esa mañana, se ordena el repliegue hacia Puerto Argentino, tras una destacada participación en el combate, y dejando sobre las rocas del destartalado monte a héroes como los soldados Horisberguer y Guanes y el Subt Silva. El cuerpo de este último fue descubierto aferrado a su fusil y con su rostro en paz; el propio jefe escocés y el capitán de Fragata Robaccio, jefe del bravo BIM 5, decidieron sepultarlo de la misma manera que lo hallaron, como un verdadero guerrero que eligió no desprenderse de su arma ni en el último momento de su vida.

Infantes de Marina del BIM 5 en monte Tumbledown 
En su diario, el general inglés John Kiszley escribió: "El enemigo estaba bien colocado y esperó a que estuviéramos a cien metros de distancia para abrir fuego con todo lo que tenía. Los dos pelotones de avanzada estaban detenidos, y cada vez que avanzaban sufrían bajas. No podíamos imponernos. Al contrario de lo que se esperaba, el enemigo estaba en pie y luchaba”. Así fue la férrea defensa de Puerto Argentino por parte de nuestros soldados, el último esfuerzo de la batalla por retener un territorio que nos corresponde histórica y legítimamente, y que en 1982, hacía casi un siglo y medio desde que nos lo arrebataron.

Testimonio del coronel “VGM” Augusto Esteban Vilgré La Madrid

“Todos somos parte de la hermandad de la guerra”

Cuando llegamos al Monte Tumbledown, simplemente nos contamos y nos preparamos para lo que vendría. Tampoco había mucho tiempo; en la guerra no hay mucho tiempo para lamentarse porque el próximo es uno. El primer temor es el miedo a la muerte. Después, uno lo que pedía cuando rezaba era que si venía, que fuera rápido. El gran temor del soldado es morir solo.

El 12 y 13 de junio, fuimos intensamente bombardeados, ya que esos días los ingleses estaban preparando el asalto final sobre los montes Tumbledown, William y Wireless Ridge. Sentimos, como Infantes, el honor de haber combatido contra los ingleses. Por eso, el espíritu en general estaba bastante alto. No teníamos un gran apoyo excepto alguna batería del Grupo de Artillería 3 y del Grupo de Artillería Aerotransportado 4, que se quedaron muy cerca de Moody Brook y tiraron. Pero ya la cosa no daba para más.

El 13 de junio, salí a caminar con el sargento 1ro Jorge Daniel Corvalán. Esa noche me llamó el mayor Oscar Ramos Jaimet y me presentó al entonces teniente de Corbeta Aquino, quien me dijo: “Usted va a ir a reforzar un flanco que tiene expuesto el BIM 5, tiene fracciones de primera línea muy comprometidas. Prepare a su gente, que usted es la Sección que va a representar a su Compañía y va a bloquear y a recibir el avance británico y no dejarlo pasar”. Salí, reuní a mi gente, llamé a Poltronieri y a Horisberger y les dije: “Bueno, muchachos, llegó la hora de ustedes”.

Ese día, en medio del bombardeo británico, hicieron el recorrido en primera línea, el general Oscar Luis Jofre, que era el comandante, y el coronel Félix Roberto Aguiar, segundo comandante, gesto que siempre valoramos ya que muchas veces se dijo que los comandantes no estuvieron en primera línea. Habrán cometido errores tácticos, pero estar, estuvieron. Me acuerdo la astucia de Poltronieri, que al escuchar las palabras del general, que preguntó si algún soldado necesitaba algo, él dijo: “Sí, tengo frío en las manos, mi general”. Y a éste no le quedó otra que sacarse los guantes y entregárselos. Se reía después.

Cuando llegamos a la posición de Villarrasa, me dijo: “Acá nadie se repliega, así que si vino a combatir prepárese para combatir como corresponda”. Se escuchaba una voz bastante desesperada, que después me enteré, se trataba del jefe de la 4ta Sección de la Compañía Nacar. Informaba: “Señores, el enemigo está frente a nosotros, estamos combatiendo cuerpo a cuerpo, en cualquier momento pierdo la comunicación”. Cuando llegué a la parte más alta del Monte Tumbledown, siguiendo al teniente Aquino, me di cuenta de que la situación era fea. Tiraban de todos lados, estábamos rodeados.

Sentí que flaqueaba un poco, me acuerdo que se me acercó el sargento 1ro Jorge Daniel Corvalán, encargado de Sección, y me pregunta qué hacer. Justo vi una bengala y miré a mis soldados y suboficiales; siempre recuerdo y destaco que vi sus caras muy flacas, cansadas por todo lo que habíamos vivido los últimos días, y sin embargo divisé un brillo en sus ojos; estaban listos para recibir órdenes. Entonces dije: “nos vamos”, pero ni sabía a dónde.

La Compañía del mayor Price de los Guardias Escoceses se encontraba replegando y haciendo relevo con la Compañía Flanco Izquierdo (Left Flank) a cargo del mayor Kiszley, y Price le informó que en ese sector no había nadie. Hasta que, en medio de ese relevo, como cuenta él, apareció un grupo de alineados que abrió fuego. Era mi Sección.

El soldado que habla de la guerra y de sus acciones en un sentido heroico, es difícil de creer. El miedo existe y el espíritu de supervivencia también. Pero hay otros valores aún más fuertes, como el amor a la Patria, el orgullo, la responsabilidad y, sobre todo, la camaradería. Hay un momento en que al soldado lo único que le pesa es el soldado que está al lado; el resto ya queda atrás.
Los temibles y aguerridos Infantes de Marina del BIM 5
Había ingleses que estaban tirando hacia el sector del BIM 5. El instinto me hizo hacer que agarrara una de las granadas del fusil que tenía colgando de mi hombro; la puse en el fusil, la tiré. Rebotó y pegó en la base de las rocas, cayendo heridos los que estaban en ese lugar, escuché sus gritos. Salí corriendo y cuando llegué, lo único que atiné a gritarle a Corvalán fue: “Son ingleses, despliéguense”.

Creí que los había matado. Uno sabe que debe matar o morir, no era arrepentimiento sino el dolor de haberle quitado la vida a un camarada de otro uniforme. Para la tranquilidad de mi conciencia, hace poco me enteré de quiénes eran esos que yo creía haberles causado la muerte: dos suboficiales británicos que fueron heridos pero salvaron su vida. Todos somos parte de la hermandad de la guerra. El verdadero soldado no siente odio; hace su trabajo. Y una vez que terminó el trabajo, el otro es un camarada que se opuso; y si fue bueno y tenaz, mejor todavía. Por eso, los británicos guardan ese orgullo de haber combatido contra nosotros. Lo manifiestan cada vez que pueden y lo demuestran cada vez que sale un argentino en un contingente de paz. Saludan con respeto al soldado argentino, al igual que nosotros para con ellos. Yo estoy orgulloso de haber combatido contra los británicos. Un enemigo poderoso, superior y mejor entrenado pero que no tenía más espíritu que nosotros. La victoria se llena de padres, pero la derrota siempre es huérfana. Yo formo parte de esos soldados que estuvimos en la guerra y estamos orgullosos de haber sido soldados argentinos y de haber llevado nuestra bandera argentina a las islas y de haber combatido contra un enemigo superior. Como dice ese viejo dicho vietnamita: “El valor de tu enemigo te honra”. Yo estoy orgulloso de ser padre de esa derrota. Y mis soldados, hasta el día de hoy, volverían, aun sabiendo que irían a perder la guerra. Si los miro a los ojos, veo todavía la llama que tenían esa noche cuando me dieron valor para impartir una orden y conducirlos.

En cada pausa de fuego británico, los soldados Poltronieri y Horisberger se levantaban de su posición y abrían fuego. Horisberger había zafado de esas ráfagas, tirándose. Poltronieri estaba con el sargento Echeverría, y siguió tirando. Entonces, le grito a Horisberger “¡Dale, tirá!” pero no recibo respuesta. En ese momento, el soldado Sergio González me dijo: “Mi subteniente, le dieron a Horisberger”. Así que me arrastré ese metro que tenía hasta ahí y llegué hasta él. Lo di vuelta y comprobé que una ráfaga le había dado en el pecho; murió en el acto. Fue un hecho heroico, no sólo en llegar hasta ahí y tomar la posición sino asumir que él debía detener el ataque británico. Una hora más tarde, ya llegaba la madrugada del 14 de junio y no teníamos forma de zafar porque los ingleses nos estaban rodeando.

Poltronieri empezó a cambiar de posición dos, tres veces y empezó a tirar; y los ingleses comenzaron a buscar directamente su ametralladora porque era la única arma que tiraba. En las posiciones donde estaban mis soldados empezaron a disminuir las bocas de fuego; algunos porque se quedaron sin municiones, pero otros porque estaban cayendo. En ese momento nos atacaron por la izquierda con una granada que explotó delante nuestro y logré divisar unos británicos que avanzaban. Les abrimos fuego. El que apuntó, permaneció en su posición y tiró fue un soldado argentino, que cumplió con su Patria; ni con un gobierno ni con un partido, con la Patria. Y en nombre de la Patria es por quien fue a morir y a combatir. Finalmente 13 soldados de los 45 que subimos a Tumbledown iniciamos el repliegue.

Contó uno de los británicos que lo que lo impresionó profundamente fue el espíritu de lucha de los soldados argentinos. Así terminó el combate en Monte Tumbledown.

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