domingo, 24 de junio de 2012

Malvinas y Gibraltar el mismo ardid británco para sostener la usurpación


Malvinas y Gibraltar el mismo ardid británco para sostener la usurpación colonial

Gran Bretaña está no solo endureciendo (mucho) su posición respecto del conflicto de soberanía que mantiene con la Argentina sobre las islas Malvinas, sino que también lo hace (de manera algo distinta, pero con efectos parecidos) en el conflicto con España referido al peñón de Gibraltar. Disputa, esta última, relacionada con la cesión del peñón a Gran Bretaña, resultante del Tratado de Utrecht de 1713. Un acuerdo un poco antiguo, queda visto.

Según ese convenio, no puede haber cambio de soberanía en ese territorio que no sea la devolución del peñón a España. Una presunta independencia de Gibraltar sería entonces imposible, legalmente hablando.

En el primero de esos dos conflictos, Gran Bretaña, contrariando el principio de la buena fe, sostiene que "nada, absolutamente nada, tiene que hablar con nuestro país respecto de la cuestión de la soberanía" sobre las islas, mientras empuja y organiza a los británicos que responden a la caprichosa denominación de "isleños" a la celebración de un presunto referendo "de autodeterminación" en el que pérfidamente se preguntará a británicos si quieren seguir siéndolo.

En el segundo conflicto, en cambio, mandó al frente en el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas al ministro principal de Gibraltar.

Hablamos de un funcionario (por su tamaño) aparentemente muy afecto a las comidas, Fabián Picardo, quien, ante el Comité de Descolonización, acaba de afirmar, en actitud desafiante, que la colonia británica "jamás será española".

En un comentario adicional, absolutamente demagógico, dirigido a sus electores domésticos, agregó --presuntamente hablando a todos los españoles-- que son para él una audiencia cautiva: "Abran los ojos, Gibraltar jamás será español".



Toda una provocación, que debe ser conocida. Lo cierto es que, en las últimas semanas, España y los británicos han mantenido reiterados incidentes náuticos en las aguas aledañas a Gibraltar. Entre pesqueros españoles y buques de guerra británicos y lanchas rápidas de la administración local que procuraron, sin éxito, hacer naufragar a alguno de los pesqueros españoles que faenan en la zona, a los que intimidaron reiteradamente, circulando en su derredor a altísima velocidad.

Refiriéndose a esos encontronazos, el señor Picardo, entre envalentonado y despectivo, se refirió a la Guardia Civil española (que naturalmente fuera enviada en auxilio de los pesqueros que fueron objeto de las intimidaciones) como una "fuerza paramilitar española". De no creer.

Parafraseando los dichos de los "isleños" de las Malvinas, Picardo también apuntó contra los gobernantes españoles, acusándolos impertinentemente de "atacar y hostigar a la economía de Gibraltar, a su integridad territorial y a sus aguas". Suena bastante conocido. Estrategias paralelas, entonces.

Como en el caso de la Argentina --en el que, en Nueva York, mandaron al frente a representantes "isleños" para que ellos (y no el gobierno británico) mantuvieran un "diálogo" sobre las islas con el gobierno argentino, sin lograr su objetivo, desde que la contraparte en el conflicto de soberanía del Atlántico Sur es claramente Gran Bretaña y no los británicos que viven en las islas-- también en Gibraltar hicieron lo mismo.

Alentaron al bueno de Picardo para que él invitara al gobierno de España a "visitar" Gibraltar. Lo que no fue aceptado. Ocurre que también España entiende que su contraparte en el diferendo es Gran Bretaña, que se ha agazapado tras los británicos que pueblan cada una de sus dos colonias. Solo Madrid y Londres son, para España, los interlocutores válidos. No otros, que han sido fabricados por Gran Bretaña.

Gibraltar es, para muchos, un centro de lavado de dinero y de actividades vinculadas con el narcotráfico, razón por la cual sus actividades deben estar permanentemente bajo la vigilancia de las autoridades españolas, de modo que esas peligrosas infecciones no golpeen más allá de las fronteras mismas de Gibraltar. Todo un tema. Incómodo, por demás.


Dos conflictos. Dos actitudes británicas similares, alimentadas por una misma y lamentable fuerza, su tradicional perfidia en las relaciones con el mundo externo.

Emilio J. Cárdenas fue embajador argentino ante las Naciones Unidas.

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