viernes, 25 de julio de 2014

Se debe derogar el veto de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU


Se debe derogar el veto de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU

Por Pablo Vicente Basualdo (*)

Durante la gestión del señor presidente de la Nación Dr. Arturo Illia, se avanzó mucho en mejorar las relaciones con los malvinenses, desde luego gracias a la brillante gestión de su canciller Dr. Miguel Ángel Zabala Ortíz, quien en su vasto curriculum acredita estudios realizados sobre Geopolíticas.

Brevemente, señalaré los hechos más importantes que se produjeron respecto a las políticas de acercamiento con los malvinenses:

1) La Fuerza Aérea de Argentina construyó la pista de aterrizaje, con 800 metros de largo por 30 metros de ancho utilizando placas de aluminio por el tipo de suelo, que así lo exigía.

2) Arturo Illia contrató a dos profesoras de inglés para que enseñen castellano en escuelas de Malvinas. El interés y el empeño puesto en la enseñanza por parte de los niños malvinenses hizo que un contingente de treinta y tres chicos acompañados por sus padres vinieran a conocer Argentina, visitando el Norte y el Sur del territorio nacional y estuvieron hasta en la ciudad de Catamarca.

3) A partir de ahí, muchos malvinenses, venían a anotar el nacimiento de sus hijos como argentinos. Hubo el caso de un malvinense que vino a Santa Cruz a anotar el nacimiento de dos hijos varones y el jefe del Registro se negó aduciendo que esos chicos no habían nacido en territorio argentino, sino en Malvinas. Entonces, el malvinense acude a la Justicia y un juez argentino le ordenó al jefe remiso que lo anote como argentinos. Cuando uno de ellos cumplió los 20 años vino a cumplir con el servicio militar obligatorio en la Base de Puerto Belgrano.

4) El gobierno del Dr. Arturo Illia autorizó a los pescadores a reparar sus embarcaciones en astilleros argentinos y, además, de abastecerse de combustible.

5) Había un permanente intercambio turístico, cultural y musical.

6) El Club Náutico de Buenos Aires colaboró en la constitución del Club Náutico de Malvinas y, además, la institución le regaló a su similar de Malvinas dos naves deportivas.

Como podrán observar, la geopolítica de la fraternidad y del amor dio sus frutos, quedando como antecedente de que, en verdad, fue una oportunidad ganada.

Para terminar esta parte, nobleza obliga: fui opositor al gobierno del Dr. Arturo Illia. En esa época yo militaba en la Unión Cívica Radical Intransigente, reconociendo el liderazgo de ese gran estadista llamado Arturo Frondizi y critiqué duramente la anulación de los contratos petroleros, firmados por Arturo Frondizi con lo que en treinta y seis meses logramos el autoabastecimiento de energía no renovable. Como no soy maniqueísta, reconozco el lado bueno de la gestión de Arturo Illia en la cuestión Malvinas.

Si bien es cierto, esto que viene no corresponde a mi libro “El Gaucho Rivero y la Cuestión Malvinas” que presenté el 18 de julio en la Feria del Libro realizado en el Colegio Nacional.

Se trata de un material que estoy preparando para la próxima edición, que consiste en una propuesta para reformar la Carta Orgánica de las Naciones Unidas y que se puede hacer conforme lo establecen los artículos 108 y 109, que consiste en derogar el privilegio retrógrado, colonialista, con vestigio monárquico del veto de los cinco países, miembros permanentes del Consejo de Seguridad, que en su momento podrían justificarse, puesto que se había derrotado al nazifasismo en la segunda guerra mundial y para evitar su resurgimiento; en el Tratado de Yalta celebrado entre los días 4 al 11 de febrero de 1945, firmado por Churchill, Roosevelt y Stalin, se crearon los estados gendarmes, dividiendo el mundo entre Oriente y Occidente.

Han pasado 69 años y se impone una profunda reforma de las instituciones que conforman a las Naciones Unidas. Además de derogar el instituto del veto y, a las resoluciones de la Asamblea General habría que concederle el carácter de vinculante, operativa y de “astreintes” con una carga pecuniaria, que consistiría en que si un país es remiso (como Inglaterra, que ha hecho caso omiso a 46) a dar cumplimiento a una resolución de la Asamblea General, se debe aplicar una sanción pecuniaria que consistirían en una multa diaria del 0,10% PBI corriente a la nación multada, aplicada a partir del día 91 y si transcurrido 90 días más a partir del día 182 de la resolución incumplida, la nación afectada quedaría legitimada para acudir a la Corte Internacional de La Haya en demanda de sus derechos.

Con el importe proveniente de las multas a los países reticentes en el cumplimiento de sus obligaciones, se formará un fondo destinado a los países “subdesarrollados” con deficiencia en temas de la salud, la educación y la vivienda.

Nos merecemos las naciones del mundo una ONU más igualitaria, más integradora y más democrática. Si nuestras autoridades que nos gobiernan, se animan a promover la demolición de las estructuras que cimientan el privilegio imperialista sostenida en normas legales anacrónicos, aplicando los pasos sugeridos en este escrito, no tengo dudas de que la recuperación de Malvinas es posible.

(*) Ex JTP en Derecho Internacional. Egresado del Curso de Introducción a la Geopolítica dictado por el General Juan Enrique Guglialmelli.

http://www.ellitoral.com.ar/

martes, 8 de julio de 2014

Militar británico admite que sin la ayuda de Chile hubiesen perdido la guerra de Malvinas


La ayuda chilena a los británicos durante la guerra de Malvinas

Sidney Edwards, el encargado de llevar adelante las negociaciones con Matthei, el comandante de la Fuerza Aérea chilena, cuenta la historia de la alianza secreta en un libro

El apoyo chileno a Gran Bretaña en la guerra de Malvinas fue clave para que el gobierno de Margaret Thatcher consiguiera la victoria en el disputado archipiélago. Así lo afirma en su primera aparición pública Sidney Edwards, el oficial enviado por la premier conservadora a Santiago para conseguir el apoyo secreto de Augusto Pinochet.

"Mi opinión personal - y creo que fue compartida por mis jefes en el Ministerio de Defensa y por Margaret Thatcher- es que la ayuda que recibimos de parte de Chile fue absolutamente crucial. Sin ella, hubiésemos perdido la guerra", aventuró Edwards, un ex oficial de la Real Fuerza Aérea británica (RAF), a la revista chilena Qué Pasa.

Durante la guerra, que comenzó en abril de 1982 y duró dos meses-, Chile adoptó públicamente una posición de neutralidad pero, sin embargo, siempre se rumoreó que había prestado apoyo logístico a Londres, algo que finalmente se confirmó hace dos años, al publicarse los archivos oficiales de esa época.
A los 80 años, Edwards decidió salir a contar su historia en el libro My Secret Falklands War (Mi Guerra de las Malvinas secreta).Allí cuenta que él fue elegido para llevar adelante las negociaciones en Chile por su dominio del idioma español -tras haber sido agregado aéreo en Madrid- y su experiencia en operaciones conjuntas de inteligencia con otros países.

Edwards contó que el mismo día en que llegó a Santiago de Chile fue recibido por el comandante jefe de la Fuerza Aérea chilena, Fernando Mathei. "El general Matthei me dio la mano cálidamente -cuenta Edwards en su libro-. Me ofreció cooperación total dentro de los límites de lo práctico y de lo diplomáticamente posible. Enfatizó la necesidad de mantener el secreto". El aviador dijo que entendía la delicadeza de las relaciones entre los dos países y continuaron conversando.

"No pude creer la cooperación que logré con él y, por supuesto, con el resto de sus oficiales -continúa Edwards-. Obviamente el general Matthei era un hombre muy pragmático y sabía dos cosas clave: que si Chile no nos ayudaba en la guerra, después los argentinos caminarían derecho a tomar las islas del canal Beagle. Lo otro es que Matthei sabía que ésta era una oportunidad ideal para conseguir armamento, inteligencia y otras cosas que normalmente no habrían conseguido".

En su libro, Edwards describe en detalle todo el operativo en Chile, con nombres y fechas, a pesar de que fue obligado a eliminar todo registro escrito de aquella época. "Éste fue un periodo muy relevante en mi vida y lo tengo muy fresco en mi memoria", dice.

La principal contribución

En su libro, Edwards comenta que el hecho de que en Chile rigiera una dictadura en ese momento facilitó su trabajo, ya que consiguió rápidamente documentos de identidad falsos. Además, manejaba como si fueran propias las oficinas centrales de la Fuerza Aérea chilena y desde allí coordinó el uso de un radar de largo alcance en Punta Arenas, que permitía ver los movimientos aéreos en Ushuaia, Río Gallegos, Río Grande y Comodoro Rivadavia. También desde allí coordinó, junto con Londres, la llegada a Santiago de un equipo del Servicio Aéreo Especial británico (SAS) con un sistema satelital de comunicaciones seguro.

Para el piloto, ese radar fue la principal contribución a la misión británica. "Lo más importante fueron los avisos tempranos de ataques aéreos", dice el ex piloto. "Sin éstos, cuando tenés un fuerza de mar sólo con una pequeña defensa aérea, como teníamos, habríamos tenido que montar patrullas aéreas de combate carísimas y aviones volando constantemente, listos para interceptar intrusos", argumenta.

Además, Matthei dejó a su disponibilidad la pista de aterrizaje ubicada en la isla San Félix, a 892 kilómetros de la costa chilena -el gobierno no quería exponer los aeropuertos continentales-, para misiones Nimrod, que permitían volar a aviones británicos pintados con los colores chilenos a gran altura cerca de la frontera con la Argentina y obtener información de lo que pasaba en el país.

Sin contacto con Pinochet

Edwards remarca que nunca habló con Pinochet durante la misión y que se trató de un "hecho deliberado". "Él [Pinochet] quería tener una especie de cláusula de escape, para poder negar que tuviera conocimiento de mí. Me parece que lo que quería hacer era que si cualquier cosa salía mal, él podría decir: «Fue Matthei, yo no sabía lo que él estaba haciendo»", explica el piloto.

Tras el final de la guerra, el 14 de junio de 1982 y con un saldo de más de 900 muertos (649 argentinos y 255 británicos), Edwards se quedó unos días más en Chile y salió a festejar al boliche Las Brujas. "Muchos de nuestros colegas chilenos se nos unieron allá y parecían tan contentos como nosotros con la victoria", recuerda el piloto.

Al regresar a Londres, fue condecorado con la Orden del Imperio Británico por sus servicios. "Pero, para evitar atraer atención al vínculo con Chile, no me pondrían como parte de la lista de la guerra de las Falklands [como llaman en Gran Bretaña a las Malvinas]", dijo.

Fuente: La Nación

jueves, 12 de junio de 2014

Tiro Berreta : El ataque al destructor británico HMS Glamorgan con un misil Exocet en Malvinas


¨Tiro Berreta¨ : El ataque al destructor británico HMS Glamorgan con un misil Exocet lanzado desde tierra 

A principios de mayo de 1.982, el Estado Mayor Naval analizó la posibilidad de emplear misiles Exocet MM-38 para detener la acción de los barcos de guerra británicos, que sistemáticamente efectuaban un persistente cañoneo naval nocturno sobre las posiciones argentinas.

martes, 10 de junio de 2014

10 de junio: Día de la afirmación de los Derechos Argentinos sobre las Malvinas, Islas y Sector Antártico

 
10 de junio: Día de la afirmación de los Derechos Argentinos sobre las Malvinas, Islas y Sector Antártico

10 de junio de 1829 creación de la Comandancía Política y Militar de las Islas Malvinas 
Con el fin de reforzar la presencia del Estado argentino, el 10 de junio de 1829 el gobernador delegado de Buenos Aires, Martín Rodríguez, y su ministro Salvador María del Carril, por intermedio de un decreto ley crearon la 'Comandancia Política y Militar de las Islas Malvinas y adyacentes al Cabo de Hornos en el Mar Atlántico, con sede en la isla Soledad y con jurisdicción sobre las islas adyacentes al cabo de Hornos que dan hacia el océano Atlántico Sur.

En aquella época había intención del gobierno bonaerense de crear otra comandancia en la boca oriental del estrecho de Magallanes, lo que formalmente no se concretó

El mismo día se nombró a Luis Vernet con el título de Comandante Político y Militar, por intermedio de otro decreto.

Se acompañó el nombramiento con la entrega de un diploma sellado y firmado por las autoridades.
Vernet solicitó el apoyo gubernamental para el emplazamiento de un fuerte en la Isla Soledad, que debía contar con fortificaciones y artillería defensiva adecuadas. También insistió en que se le asignara un pequeño buque de guerra para asegurar el cumplimiento de lo dispuesto en la Ley Nacional de Pesca: efectuar la cobranza de los derechos de pesca en aguas sujetas a su jurisdicción, arresto de los infractores, transporte de maderas desde el estrecho de Magallanes, enlace con los asentamientos del río Negro y con el puerto de Buenos Aires, etc. Las autoridades aceptaron las sugerencias del comandante y le otorgaron cuatro cañones, cincuenta fusiles y la munición y pertrechos correspondientes. Se le entregaron también veinte quintales de hierro, un fuelle, herramientas de herrería, carpintería, construcción y labranza.

El 15 de julio Vernet se trasladó a las Malvinas junto con su esposa, María Sáez, y sus hijos Emilio, Luisa y Sofía. Viajaron con él 15 colonos ingleses y 23 alemanes, incluidas sus familias. Llevó además personal de servicio y peones en el que los rioplatenses (afroamericanos, gauchos e indígenas) eran mayoría. Al jurar la bandera y tomar posesión de su cargo, el 30 de agosto, leyó una proclama acompañada con las tradicionales veintiún salvas de cañón.

Luis Vernet primer Gobernador de la Comandancia Política y Militar de las Islas Malvinas 
Luis Vernet ejerció el cargo de comandante político y militar aplicándose a la tarea de hacer cumplir los reglamentos sobre pesca de anfibios, que realizada de forma indiscriminada por parte de los loberos y balleneros extranjeros, constituía un grave problema. El pago por derecho de anclaje fue sistemáticamente eludido por los balleneros y los cazadores clandestinos de guarás, especialmente ingleses y estadounidenses.

Una de las actividades económicas centrales fue la de la producción ganadera, generalmente a cargo de los gauchos e indígenas, que aprovechaba el ganado vacuno cimarrón que vagaba por la isla Soledad desde los tiempos del primer colono, Louis Antoine de Bougainville. Otras actividades primordiales eran las de la pesca de merluza y la caza de focas y lobos marinos, ambas en las aguas jurisdiccionales de la comandancia, tanto en Malvinas como en la isla de los Estados; y la del saladero que aseguraba la conservación de la mercadería exportada.

Los productos de las islas tenían como principal mercado a Buenos Aires: se exportaba carne salada, pescado en salmuera, sebo, cueros de lobos marinos y ganado vacuno, pieles de conejo, etc. La comandancia tenía asignadas algunas naves de transporte, comandadas por el asistente de Vernet, Matthew Brisbane, Emilio Vernet y otros.

El capitán Robert Fitz Roy fue huésped de la comandancia, algunos de sus comentarios dejan entrever cómo el continuo progreso material de la colonia había permitido alcanzar cierto grado de refinamiento en medio de la inhóspita geografía.

Su reporte al gobierno británico sobre el éxito alcanzado por el asentamiento sería fundamental en la renovación del interés del Reino Unido por las riquezas del archipiélago.

Vale por Diez Pesos con el sello de Islas de Malvinas
La población estable aumentó rápidamente, y superó el centenar de individuos. Cuando arribaban naves loberas y pesqueras contratadas por la comandancia, el número se elevaba a tres centenares. En 1830 nacieron los primeros seres humanos del archipiélago, entre ellos la cuarta hija de Vernet, el 5 de febrero, a la que se llamó Malvina.

Las proyecciones del negocio eran óptimas, y Vernet comenzó a planear la organización concreta de la proyectada comandancia sobre el estrecho de Magallanes. Envíó a Brisbane en el buque Unicorn para lograr la cooperación de los indígenas tehuelches del extremo meridional del continente. Estableció contacto con una cacique a la que se llamaba Reina María y la invitó a pasar dos semanas en las islas Malvinas. La mujer aceptó la invitación y la propuesta de bendecir la segunda comandancia; Vernet declaró un feriado en homenaje a la líder indígena. Los desastrosos acontecimientos de los meses siguientes impidieron la concreción del proyecto.

Aumento del interés británico por Malvinas

El Gobierno británico utilizó el nombramiento de Vernet como excusa para actuar, y el 19 de noviembre de 1831 envió una protesta al ministro de relaciones exteriores Tomás Guido. En dicho escrito el Reino Unido argumentaba que la evacuación de 1774 no había invalidado sus derechos al archipiélago, y acusaba al gobierno de Buenos Aires de haber avanzado sobre su soberanía. Con ese acto, el Reino Unido desconocía todos los antecedentes por los cuales había renunciado al territorio:

La Paz de Utrecht de 1712-1714, por la que se comprometía a no interferir en los dominios españoles de América Central y del Sur y sus aguas y territorios circundantes, y por lo tanto abandonaba cualquier reclamo de hipotéticos derechos.

El Tratado de Sevilla del 9 de noviembre de 1729 que reafirmaba la vigencia de lo dispuesto en Utrecht.
La Paz de Aquisgrán de 1748, que volvía a confirmar lo acordado en materia territorial por el texto de Utrecht.

La Declaración de Masserano de 1771, firmada por sus más altas autoridades, en la que España confirmaba expresamente sus títulos de soberanía sobre el archipiélago.

El Tratado de San Lorenzo de 1790 en el que reconocía explícitamente la soberanía española sobre las Malvinas y renunciaba a todo intento de comerciar y formar colonias en sus mares.

La continua e inobjetada ocupación española del archipiélago desde 1767 hasta 1811, que contrastaba con el breve asentamiento británico, abandonado en 1774 posiblemente debido a un acuerdo secreto con España, según admite buena parte de la historiografía británica coetánea y actual.

La toma de posesión formal de las islas en 1820 por parte del Estado argentino bajo el marco legal del uti possidetis iure, cuya noticia fue publicada en Europa y en los Estados Unidos; y el nombramiento sucesivo de tres comandantes militares rioplatenses con el objeto de asegurar la sumisión efectiva del territorio,hechos por los cuales nunca emitió reserva ni queja, ni al reconocer oficialmente en 1823 a la nueva nación ni al firmar en 1825 el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación con las Provincias Unidas.

Incidente pesquero

En agosto de 1831, tras un incidente con  tres pesqueros estadounidenses, Vernet se retiró a Buenos Aires, donde arribó con la goleta Harriet (cuyo cargamento había incautado) con el fin de someter el caso al fallo del Tribunal de Presas.

En dicha ocasión, el cónsul norteamericano en Buenos Aires desconoció el derecho argentino a reglamentar la pesca en las Malvinas. A fines de ese año, personal de la corbeta de guerra USS Lexington, de la Armada de los Estados Unidos, incursionó en Puerto Soledad al mando del capitán militar Silas Duncan y cometió hechos gravísimos: se saquearon los bienes y las propiedades, se destruyeron las instalaciones de artillería y los principales pobladores fueron conducidos prisioneros ilegalmente a Montevideo, en lo que fue un desigual acto de guerra.

La acción cometida por Duncan causó conmoción en Buenos Aires. En junio de 1832, el encargado de negocios norteamericano, Francis Baylies, siguiendo instrucciones de su gobierno, exigió la desautorización de Vernet, la devolución de los bienes incautados por él, y el pago de una indemnización. A su vez, puso en duda la legitimidad de los títulos de soberanía argentina. Ante tales circunstancias, el gobernador Juan Manuel de Rosas lo declaró “persona no grata” y le extendió los pasaportes correspondientes.

Tras su regrego a Buenos Aires Vernet nunca fue repuesto en su cargo ni volvió a las islas. Finalmente, murió en el año 1871.

Usurpación británica de las Islas Malvinas

El 2 de enero de 1833, después del prólogo del incidente Lexington, Vernet marchó en demanda de ayuda a la ciudad de Buenos Aires, le sucedió como gobernador designado Mestivier y luego, cuando era ya gobernador interino el capitán Pinedo, las naves de su majestad invadieron el territorio argentino. La invasión inglesa quedó a cargo del capitán militar John James Onslow, quien al mando de la fragata Clío se lanzó al ataque de Puerto Soledad.

La resistencia militar organizada por Pinedo fue escasa o nula: a las 9 de la mañana del día siguiente el capitán Onslow desembarcó y ordenó izar la bandera británica y arriar la argentina, que fue entregada a Pinedo para que la llevase de regreso a Buenos Aires. Pinedo transfirió su cargo de comandante al francés Juan Simon, capataz de los peones criollos. Dos días después Pinedo, sus oficiales y soldados, más un grupo de habitantes, zarparon de las islas con proa al Río de la Plata. La usurpación británica de las Islas Malvinas había se había consumado.

Protesta argentina

Cuando el gobierno argentino supo de lo acontecido en las islas, el ministro de relaciones exteriores Manuel Vicente de Maza citó al representante británico, quien admitió desconocer el asunto. Maza sostuvo:
    (...) el gobierno de Buenos Aires no podía ver en [la agresión británica] sino un gratuito ejercicio del derecho del más fuerte... para humillar y rebajar a un pueblo inerme e infante.

Este fue el inicio de un larguísimo patrón de argumentaciones diplomáticas entre Argentina y el Reino Unido que se extendería hasta la actualidad, casi sin variaciones por el lado argentino y con al menos tres giros fundamentales por el británico, cambiando la argumentación según su conveniencia para disimular su acto de usurpación del archipiélago.

viernes, 6 de junio de 2014

La OEA apoyó a la Argentina en su reclamo por las Malvinas

La OEA apoyó a la Argentina en su reclamo por las Malvinas

En la 44ta Asamblea General se mostró un fuerte respaldo americano a las aspiraciones argentinas de negociar con Reino Unido.

En la XLIV Asamblea general de la Organización de los Estados Americanos (OEA) Argentina recibió un nuevo e importante apoyo en su aspiración de negociar con el Reino Unido la soberanía de las Malvinas. La reunión, que tuvo lugar en Paraguay del 3 al 5 de junio, concluyó con una resolución favorable a las negociaciones que fue aprobada por aclamación en la que se "reafirma la necesidad" de que ambos gobiernos "reanuden cuanto antes" conversaciones sobre el tema.

El canciller Timerman defendió la iniciativa al denunciar "el ultraje del que "fue y es víctima el país". También advierte que "el Reino Unido invoca el principio de autodeterminción, ya desechado por la misma comunidad de naciones que pide negociaciones, porque suplantó a la población por una transplantada y desde entonces mantiene control inmigratorio más cerrado del mundo".

El diplomático detalló que los kelpers "tienen derecho a adquirir tierras ilimitadas en Argentina continental, derecho a una educación gratuita, a una salud sin costo alguno, a votar y ser elegidos", pero "en contrapartida, los argentinos continentales no pueden ir a vivir, comprar un terreno y menos que menos a tener servicios gratuitos" en las islas. Según el canciller argentino, la negativa del Reino Unido a conversar es "la antítesis de la idea fundacional de la ONU, es contraria a la paz y es ofensiva para quienes dieron la vida por un mundo justo".

Timerman dio un toque de atención a los observadores extranjeros cuyas máximas autoridades se niegan a responder cuando el tema es Malvinas. Al pedir el apoyo de la región, el canciller remarcó que "no se trata de tomar partido por Argentina o el Reino Unido, sino de apoyar la esencia misma del derecho internacional".

El texto menciona que el asunto de las Malvinas "constituye un tema de permanente interés hemisférico" y cita que la incorporación del Reino Unido a la OEA como observador permanente "refleja principios y valores compartidos entre ese país y los Estados miembros de la Organización que permiten un mayor entendimiento mutuo". Asimismo, se lamenta que a pesar de los importantes vínculos comerciales, culturales y políticos que mantienen Argentina y el Reino Unido "no se ha podido aún reanudar las negociaciones tendientes a resolver la disputa de soberanía" y destaca "la voluntad del Gobierno argentino de continuar explorando todas las vías posibles para la solución pacífica de la controversia".

Al leer la iniciativa, Brasil respaldó la resolución, seguido en cadena por representantes de Nicaragua, Venezuela (en nombre de los países del ALBA), Paraguay, Bolivia, México, Panamá, El Salvador, Chile, Surinam, Ecuador, Perú, Colombia, Guatemala, Honduras, República Dominicana, Guyana, Antigua y Barbuda y Uruguay. Canadá mostró abiertamente su desacuerdo al reclamar que el uso de la Asamblea debería quedar limitado a “desafíos comunes para todos los miembros de la OEA”. Estados Unidos no habló. A pesar de la minoría disidente, el canciller paraguayo, Eladio Loyzaga, encargado de presidir la sesión, anunció que el texto había sido aprobado por unanimidad.

http://www.perfil.com/

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